Artistas con discapacidad crean “fábrica de sueños”

26 de septiembre de 2012 00:00

El Teatro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) se convirtió en una “fábrica de sueños”, el pasado sábado; la razón: una presentación de 80 artistas con discapacidad física o intelectual que a través de su obra, denominada “Sueños”, proponen el tema de inclusión y cambio de mentalidad a través del arte.

La idea de crear la obra de teatro fue de la Fundación El Triángulo que acoge a personas con retardo mental, síndrome de down y autismo. Su sueño nació hace 9 años con el objetivo de que se “integre, comprenda y comparta el mundo de la educación especial”.

La fundación encontró también en el arte una manera de explorar las habilidades de los jóvenes, por ello otorgó “entrenamiento artístico, integral, en actuación, voz, expresión corporal y danza”.

“La inclusión primero se sueña, luego se realiza”, dijo Nancy Vasco, directora de la fundación, minutos antes de la presentación de la obra de teatro y añadió “que se está dando un cambio de mentalidad”. “Una obra de teatro con 80 personas con discapacidad es algo increíble, una presentación en tres ciudades es aún más increíble. Padres emocionados, profesores comprometidos, un equipo de producción completo, hoteles, traslados, oportunidades (…) todos juntos por el mismo sueño”, dijo emocionada.

Para la presentación en el teatro, en Quito, los artistas ensayaron dos meses, indicó la productora Daniela Iturralde, quien aseguró que “no es difícil trabajar” con los jóvenes como se piensa, sino todo lo contrario. “Los chicos captan súper rápido, los que tienen dificultad son los profesores que son los que tienen que cuidarlos”, confesó. La obra de teatro causó mucha expectativa por sus protagonistas y en los dos días de presentación en Quito hubo sala llena.

La pieza escénica, durante la hora y media que duró, recibió un sinnúmero de aplausos. Cada movimiento, frase, canto y baile no fueron al azar, estaban pensados para cada uno de los artistas, así los chicos que tenían dificultad para moverse cantaban, los que presentaban dificultad intelectual, danzaban y otros cuantos se dedicaron al trabajo corporal a través del mimo. La obra contó con dos actos: el primero “La ciudad duerme” y el segundo, la “Fábrica de sueños”.

26-09-12-cultura-teatro2Al apagarse las luces, el escenario fue invadido por una serie de situaciones cotidianas interpretadas por los artistas especiales. El trajinar de las personas, el movimiento de un bus, las discusiones de las parejas, el caminar de los ancianos, todo lo que pasa en una ciudad durante el día. Al llegar la noche el ajetreo desaparece y mientras “la ciudad duerme se puede ver con claridad, la belleza que a veces en la vigilia  parece perderse”.

Con la ciudad dormida empiezan a florecer los soñadores. Estos caminan descalzos con sus almohadas pequeñas; las acarician, las abrazan y danzan con ellas. Hay chicos que tienen almohadas gigantes y las arrastran y se zambullen en ellas y se quedan soñando.

Para el segundo acto la fábrica de sueños empieza a trabajar con sus obreros y empiezan a tejer los sueños. Los artistas se vuelven agujas humanas gigantes y empiezan a hilvanar y a abotonar los sueños que están en la atmósfera. Hay canciones y al ritmo del rap dicen que “cuando soñamos todos tenemos el mismo rostro”.

Pero también pueden aparecer las pesadillas que aturden y en esta ocasión surgieron como moscas gigantes y monstruos fluorescentes, pero fueron aplacados por un grupo de ángeles y la voz melodiosa de Jenny, una nena de 12 años no vidente.

Una vez recuperado los sueños los obreros más pequeños danzaron con sus maestros. Niños de cinco y seis años saltaron a los brazos de sus maestros y volaron por segundos y luego fueron arrullados. Cayetano, un chico autista de 12 años, jugaba a la pelota con su profesor y en ocasiones danzaba, pero muy a su estilo: zapateaba y sacudía sus puños. Los asistentes murmuran si los gestos de Cayetano eran parte de la obra o se resistía a estar en el lugar.

De esa manera los artistas de tres a 50 años dejaron ver sus habilidades y sus anhelos, y la sociedad se dejó conmover. No fue raro encontrar ojos vidriosos como muestra de un embargo de emociones intensas. Al final de la obra los artistas se congregaron en un abrazo. El actor Marco Bustos estuvo encargado de la dirección escénica y la bailarina Luana Chóez de la dirección coreográfica.

El material que apareció en la escenografía fue elaborado por los participantes. La Fundación El Triángulo actualmente cuenta con 104 alumnos de diversas edades. Para financiar el proyecto comercializa camisetas, jarros, cuadernos y documentales. “Esto tiene mucho tiempo, más de 9 años, pero tenemos muy buenos resultados. Sueños puede cambiar la vida de mucha gente”, dijo la directora de la fundación, una vez que terminó la obra, mientras los asistentes la felicitaban por la labor.