Los dramas de un barrio se contarán al ritmo de salsa

- 14 de julio de 2018 - 00:00
El musical Río abajo es una pieza original del dramaturgo chileno Ramón Griffero que retrató el Chile de 1990.
Foto: cortesía de Ubríaco Investigaciones

La comedia musical Río abajo, dirigida por Víctor Acebedo, aborda los problemas por microtráfico de drogas, la violencia de género y los prejuicios sociales.

Las vivencias de un grupo de jóvenes enfrentados al sexo, las drogas y la agresividad de la vida urbana se contarán al   ritmo de la salsa, evocando el Guayaquil de 1970 en la obra Río abajo, originaria del dramaturgo chileno Ramón Griffero.

Una historia que tiene la intención de dilucidar temas sociales para reflexionar,  aceptar las circunstancias que se anteponen en la vida, pero también para reír.

“La pieza teatral aborda un poco esa resiliencia social que tienen los ecuatorianos, sobre todo los guayacos, para manejar diversas situaciones, remediar tantos problemas sociales, porque las temáticas que se hablan es sobre los derechos vulnerados”, manifiesta Víctor Acebedo de Ubríaco, director de esta producción musical.

Armando Ronquillo, Jean Carlos Añazco, Jessenea Caamaño, Luis Salas, Yolanda Araujo, Julio Narváez, Gissela Meza Lara, Marcela Correa, José Baño y Kristy Mora protagonizan las dramáticas pero también cómicas escenas de un guion musicalizado con canciones de Rubén Blades, Willy Colón y otros diez cantautores de clásicos urbanos con un trasfondo social.

Una trama con prejuicios
Waldo vive con su madre Eugenia en un barrio humilde donde lo educa con recelo por los peligros que lo acechan, aunque los pleitos son una constante en la relación.

En la misma calle reside Willy, un policía retirado que convive con su hija Marcia, una muchacha que sufre el maltrato y violencia de su padre y compañeros del colegio.

Además de otros personajes, no deja de faltar el antagonista que finge ser amigo de todos pero en realidad es el “Narco” que ha venido a tentar a los inquietos jóvenes que padecen problemas intrafamiliares.

“Mi personaje dentro de la obra es Christian, un joven generoso pero inseguro con un miedo al rechazo por una enfermedad que mantiene en secreto y que solo ha develado a su mejor amigo Waldo”, detalla el actor Jean Carlos Añazco.

Dice que este rol le resultó complejo no solo por el acento cubano que logra, sino también porque debe aparentar una postura al inicio y luego revelar su verdadero oficio y personalidad. “Con este personaje quiero dejar un claro mensaje de los prejuicios y de nuestras malas decisiones sin importar la condición”.

En paralelo, el actor Armando Ronquillo caracteriza  al exagente policial Willy, un maltratador y alcohólico resentido social, quien vuelca su frustración en los golpes que le propina a su hija.

“Me gusta que con el personaje se toca el tema del abuso de la mujer que se da en muchos países y espero que lleve a una reflexión, acordémonos de que el abuso es físico y también es verbal”, opina el intérprete.

Yolanda Araujo caracteriza a Doña Yoli la “sapa del barrio”. “En su tienda, ella conversa con sátiras a las personas y escucha las conversaciones del teléfono que alquila; es prejuiciosa sobre la vida de las chicas y sus novios, pero por las noches se cruza a casa de uno de los vecinos para tener relaciones con él”, cuenta la actriz quien al igual que las otras mujeres de la obra viste diseños  eclécticos.

Seis casas de caña y cuatro calles recrean el colorido barrio donde un elenco de 10 actores desarrollarán esta trama con coreografías al ritmo de la salsa. (I) 

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