"Polvo", danza que revela los afectos del cuerpo

- 01 de junio de 2018 - 00:00
En escena están Patricio Albarracín, Denisse Ramis, Gabriela Chávez, Isis Granda y Carolina Chacha, formados en artes escénicas y danza.
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

Desde hoy y hasta el 17 de junio, a las 20:00, de viernes a domingo estará en funciones la propuesta dirigida por la bailarina y gestora Nathalie Elghoul.

La bailarina y directora del espacio de danza La Fábrica, Nathalie Elghoul, estrenará hoy Polvo. Esta obra nace de la necesidad de crear, de bailar, de desmarcar el lenguaje corporal fijado en la academia y -ante todo- de la posibilidad de quebrarse a través del cuerpo.

Polvo pone en escena el resultado de una serie de indagaciones corporales que parten de la improvisación.

De a poco, los intérpretes fueron organizando una obra en la que cuestionan la felicidad del cuadro familiar y se enfrentan a las imposiciones que surgen del núcleo del hogar. En escena, sus cuerpos simulan la perversidad de la educación desde sus propios afectos.

→Dentro del proceso de improvisación, la primera imagen que estuvo clara fue la de un cuadro familiar. Esto definió la dramaturgia de la obra.

Luego de cinco años sin producir nada y con el miedo de enfrentarse a la creación, Elghoul convocó a Denisse Ramis, Isis Granda, Gabriela Chávez, Carolina Chacha y a Patricio Albarracín.

Quería producir una obra, dirigir los cuerpos de estos intérpretes que tienen formación internacional y cuyo trabajo no se ha mostrado lo suficiente en escenarios.

El camino de la obra no estaba trazado, no había una historia que contar. La única premisa fue crear.

El primer mes generaron improvisaciones individuales y grupales. Querían encontrar métodos que permitan interrelacionar sus cuerpos, mientras la directora indagaba en el lenguaje individual de los bailarines.

Así apareció la primera imagen: a la derecha un padre y una madre se abrazan como si ella esperara un hijo. A la izquierda, como en trinidad, una madre y sus dos hijas se abrazan e ignoran a los otros seres que están próximos. Una foto familiar.

Elghoul cuestionó los roles que aparecieron en esta primera imagen e inició un trabajo de constelaciones familiares basados en la terapia Gestalt, en la que los participantes generaron roles y se produjeron algunas coincidencias respecto a sus historias personales.

Las primeras coincidencias estaban vinculadas con la imposibilidad de comunicar y en ello apareció como conflicto la familia, sus lazos y rupturas.

En los primeros ensayos, Isis Granda iba acompañada por su sobrino. El niño se metió en la obra para anclar los papeles de los protagonistas. Pero, a pesar de que se pensó en vincular al niño a la puesta en escena, esto no pudo concretarse, pero los roles de los intérpretes quedaron más o menos definidos.

En escena los cuerpos desencadenan una historia a partir de los dolores que produce el núcleo familiar, la censura que existe, la imposición de un camino y una forma de ser socialmente. Para Elghoul, la familia puede ser el inicio del desastre de la sociedad.

“Yo necesito acercarme al bailarín y a la persona que hay en él para entender su fragilidad, su fuerza, para entender por dónde tiene que ir la obra, su fractura y lo que lo hace bello en escena, indagar en la humanidad de cada bailarín”, dice Elghoul sobre el proceso.

La obra se acerca a la memoria, a la idea de hilvanar y recomponer lo fragmentario que eso puede ser. En escena, los protagonistas discuten, se desequilibran, huyen de la farsa de los quince años. Se embarazan, paren, cargan con el peso del equipaje a pesar de que ese caminar los desmorona. “Hay muchas presencias de ausencias. Todos coincidían con situaciones de vida familiares que habían conocido, que no, que existían”, relata Elghoul.

Para la directora es fundamental que los bailarines se quiebren para crear. “A mí, como intérprete, como creadora me gusta ver eso en escena. Necesito que una obra no solo me cuente algo. Me interesa que me desgarre, conmueva, transforme, me cambie, me afecte. Yo sí animo a los intérpretes que trabajan conmigo, exijo una cierta sinceridad en escena que los pone en jaque”, dice Elghoul.

Para esta bailarina  no es suficiente bailar precioso, hay que romperse en escena.

“En ese momento el intérprete logra independizarse de la forma”. (I)

Intérpretes

Los protagonistas

Isis Granda se graduó en la Casa de la Cultura; Carolina Chacha es licenciada en Comunicación Escénica; Gabriela Chávez cursa danza en Columbia College Chicago; Ramos estudió en Joffrey Ballet School y Albarracín estudia artes escénicas.  (I)

5 años han pasado desde el último montaje que presentó la coreógrafa Nathalie Elghoul.

La fábrica

En 2010, Elghoul fundó La Fábrica Cuerpo Espacio, ubicada en Guayacanes y calle Segunda, en Urdesa. Con él quiso potenciar y visibilizar el movimiento artístico en la ciudad. (I)

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