Entre política y fútbol se habla de Dávila Andrade

- 05 de agosto de 2018 - 00:00
Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

José Gregorio Sánchez, Jesús David Curbelo y José Eugenio Sánchez recordaron al poeta ecuatoriano por el centenario de su nacimiento.

Hace 18 años, el poeta y catedrático venezolano José Gregorio Vásquez estuvo en Ecuador durante seis meses recorriendo los pasos que dejó César Dávila Andrade, uno de los poetas que más admira, que más ha estudiado y de quien hizo la fundamental antología El vago cofre de los astros perdidos.

Después de ese viaje a Ecuador escribió dos libros: El fuego de los secretos (2004) e Ingapirca (2011); este último poemario es una especie de viaje imaginado a esa ciudad antigua,  a ese lugar donde hasta hoy se celebran festividades solsticiales.

José Gregorio, quien es profesor de literatura en la Universidad Los Andes de Mérida, volvió hace una semana al país motivado por la misma huella insistente de Dávila Andrade, el Fakir, que el próximo 5 de octubre cumpliría 100 años.

José Gregorio Vásquez (Venezuela, 1973) es poeta, catedrático y editor. Es autor de El vago cofre de los astros perdidos, antología de Dávila Andrade.  

Sentado en un restaurante quiteño en compañía del escritor cubano Jesús David Curbelo y del mexicano José Eugenio Sánchez –con quienes participó en un coloquio internacional sobre la obra del Fakir, realizado en la Casa Carrión–, José Gregorio señala que hoy parecería que hubiera más elementos para leer la obra esotérica de César Dávila Andrade, aunque seguirá siendo un enigma. “Para entenderlo habrá que meterse de lleno a estudiar el rosacrucismo, las corrientes orientales, revisar la obra esotérica de Adoum padre”, dice. José Gregorio llegó a Ecuador por tierra y “vivió todo el dolor de la migración venezolana”, dice.

Vino por una zona que llaman El Puerto, donde hay paramilitarismo. Antes viajaba por San Cristóbal, San Antonio y Cúcuta, pero le tomaba más tiempo. “Nosotros no somos un país de migración, al contrario, fuimos de recepción de migrantes. En Mérida vive la colonia más grande de ecuatorianos en Venezuela. Ahora se han propuesto venirse, sobre todo los más jóvenes, los mayores no salen. Pregúnteme, por ejemplo, si los siete millones de colombianos que viven en Venezuela se regresan a Colombia. No lo hacen. El venezolano no está acostumbrado a migrar, le ha costado más, no lleva oficio en la maleta, tiene que hacer cualquier cosa para sobrevivir.  Y también pasa que nuestro país ha sido muy paternalista. Nos enseñó a vivir amamantados y así estuvimos muchos años. Eso ha traído consecuencias críticas”, dice con calma José Gregorio, quien no piensa migrar.

“Si tengo que luchar lo haré desde allá; desde ahí es  donde hay que pelear. Luchar desde afuera es muy fácil, desde adentro no. Si yo vivo la precariedad puedo decir otras cosas. Y no es un tema de soportar eso; yo aprendo a vivir de otra forma”.

Otros encuentros
La última parte de la producción poética del vate cuencano ha sido la que más ha llamado la atención a los estudiosos, como es el caso de Jesús David, quien sigue prefiriendo la última zona de la poesía del Fakir y que ha reflexionado críticamente sobre su vida erótico-sentimental, a partir de las relaciones que tuvo.

Jesús David Curbelo (Cuba, 1965) es poeta, narrador, ensayista, traductor literario, crítico, editor y profesor universitario. Es autor de Parques (2004).  

Ese interés por rastrear los afectos y pasiones de Dávila Andrade se remontan a cuando Jesús David estuvo en Mérida, en 2007, y se hospedó en la casa de Bettina Uzcátegui, quien fue uno de los grandes amores del poeta cuencano que se suicidó  en Venezuela, en 1967, cercenándose la garganta ante el espejo con una cuchilla de afeitar. Bettina, en ese entonces, le regaló a Jesús El vago cofre de los astros perdidos.

 La lectura de ese libro “me abrió un universo lírico que ha sido determinante en mis exploraciones en ese género y me permitió corroborar una vez más cómo los grandes autores, ya lo decía Eliot, suelen mostrar una combinación de abundancia, diversidad y excelencia en sus búsquedas artísticas”, recuerda el poeta cubano en un ensayo publicado en la antología Distante presencia del olvido.

Los acercamientos de José Eugenio a la obra del Fakir han sido distintos y dispersos. Primero lo encontró como personaje en la novela Entre Marx y una mujer desnuda, de Jorge Enrique Adoum, en la que se narran varias anécdotas del poeta. Luego, el año anterior, José Eugenio leyó fragmentos del poema “Catedral Salvaje” para un proyecto audiovisual del artista cuencano Patricio Palomeque.

José Eugenio Sánchez (México, 1965) es poeta y performer. Entres sus obras está El mar es un espejismo del cielo y El azar es un padrote.  

José Eugenio, al referirse a las elecciones presidenciales de su país dice, con la más aguda ironía: “El problema de México es bien chingón. No pensé que AMLO fuera a ganar hasta que sucedió. Todo eso me empezaba a sorprender y dar mucho miedo. Es que siempre hemos perdido, siempre. Está bien complicado entender que vamos a ganar. México tiene una idiosincrasia que se repite tanto en el fútbol como en la vida de la historia del país. Así pasó cuando perdimos contra Argentina (en 2010). Ellos marcaron un gol fuera de lugar y luego hubo el error del defensa nuestro. La historia del país reflejada en 20 minutos de fútbol”.

El poeta mexicano ha hecho deporte con “seriedad” hasta los 17 años y por eso sabe que para ser campeón del mundo “debes ser un país que tengas en tus leyes derechos de equidad, respeto a los animales, que los jugadores de tu equipo hablen cinco idiomas, que lean y que sean tolerantes con la migración. Esas son las condiciones para alzar la copa. Los polacos, por ejemplo, no van a ser campeones del mundo porque son católicos y eso los aproxima a la pederastia, a la inhibición de la juventud”. (O)  

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