Philip Glass se encontrará con Luis Humberto Salgado en Guayaquil

- 13 de diciembre de 2017 - 00:00
→Lo primero que hizo Anzolini al ganar el concurso como director de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil fue convencer a Glass de que venga al país para ser espectador de la interpretación de una de sus obras sinfónicas.
José Morán / et

→El director de la Orquesta Sinfónica del Puerto Principal tiene un plan: presentarle al músico estadounidense a quien considera es el mejor compositor ecuatoriano, a pesar de que aún no se estrenan todas sus sinfonías.

Philip Glass y Dante Anzolini tienen una historia con Ecuador que se puede dividir en tres actos. El primero, si tuviera que ser cronológico, es cuando llegaron juntos por primera vez al país, en 2010.

En ese entonces, la Youth Orchestra of the Americas, dirigida por el ítalo-argentino, inició una gira por América del Sur. En el concierto que se hizo en Quito, Anzolini estrenó con la orquesta una pieza para cello de Glass.

Entonces, el maestro que ahora dirige la Sinfónica de Guayaquil (OSG) hizo sus primeros contactos con el país y escuchó los primeros rumores de la existencia de un gran compositor cuya obra aún está por estrenarse.

El segundo acto ocurre siete años después de la primera visita a las cúspides de la música ecuatoriana, cuando Anzolini volvió a mirar Ecuador. A inicios de este año participó en el concurso para director titular de la Sinfónica de Guayaquil. Cuando ganó, lo primero que hizo fue tomar su vehículo y conducir hasta la casa de Philip Glass.  

El compositor estadounidense vive en Nueva York. Anzolini tiene casa en New Haven. Cuando tomó la ruta para cruzar el Whitestone Bridge, en el Bronx, había una serie de protestas que lo retrasaron. Glass lo esperaba. Desde que postuló como director titular tenía pensado traerlo a Ecuador. Solo debía convencerlo.

→Para interpretar la Sinfonía Andina, el maestro Dante Anzolini tomó la última parte de la segunda versión para simular el final. Foto:  José Morán / et

Cuando llegó, Glass le dijo que aquella visita podría ser posible y empezó a sugerir sinfonías. Anzolini sabía cuál quería interpretar con su nueva orquesta. “La octava”, dijo Anzolini y agregó: “¿pero vas a venir?”. “Well, well”, respondió Glass.

Anzolini tenía que salir de la casa de Glass con la certeza de que este año estaría en Guayaquil. Le ofreció una visita a Galápagos y le insistió que se abra una cuenta de WhatsApp. “No, esas cosas no”, dijo Glass. “Pero es gratis y podremos hablar”, le replicó Anzolini.

El tercer acto será este viernes en Guayaquil. Anzolini tiene un plan. “Se llama premeditada alevosía. Me traigo al mejor compositor del planeta a tu país, ¿te parece que no voy a ser lo suficientemente inteligente como para ponerle en bandeja al mejor compositor de Ecuador? ¿A quién le conviene? A ustedes”, dice Anzolini en una entrevista para este diario después de concluir un ensayo, el primero de la semana, de la ‘Sinfonía Andina’. Esta obra de Luis H. Salgado abrirá el concierto de este viernes en el Teatro Centro Cívico.

El fin de semana, en medio de todo el trabajo que tenía, Glass llamó a preguntar qué iba en la primera parte del concierto en el que se tocará su octava sinfonía. “Qué interesante”, respondió cuando Anzolini le contó a Glass de Salgado. Para Anzolini, el resultado es “1–0. Ganamos por goleada”, dice. 

Autores que no suenan como deberían en América Latina

Anzolini descubrió a Luis H. Salgado uno de esos días en los que revisaba los archivos de la Sinfónica en busca de autores ecuatorianos. Cuando revisó con calma el folio que llevaba la inscripción de Luis Humberto Salgado con el título ‘Sinfonía # 3’ no podía creer que algo así se haya compuesto y esté guardado.

Luego no pudo creer la historia completa: Salgado se dedicó a elaborar una serie de Sinfonías de las cuales la mayor parte no ha sido interpretada en el país. La apertura del concierto que dará la Orquesta Sinfónica este viernes frente a Philip Glass será con  ‘Sinfonía Andina’.

Esta es la primera sinfonía que elaboró Salgado, en la década del 40. Este año, cuando se cumplen cuatro décadas de su muerte, Anzolini preparó un artificio de esa obra que nunca estuvo terminada en su primera versión.

El primer registro que le llegó, guardado en un archivo de Quito, con manchas de humedad, no tenía final, pero el director encontró la segunda versión de esta pieza, una obra un tanto más corta, que Salgado preparó para enviar a un concurso. Anzolini tomó la última parte de la segunda versión y la agregó a la primera.

La obra está dividida en cuatro partes. La primera cae en un movimiento lento después de un par de danzas. Se trata de un sanjuanito variado que deviene en una especie de jazz, “con el sanjuanito hace una cosa que no se puede creer este hombre”, dice Anzolini.

En el segundo movimiento hace un yaraví lento, con fuerza y elegancia. El tercero es una especie de danza y el cuarto “es un experimento rarísimo de armonías. Se nota en este momento que Salgado se tragó la obra de Bartok, Stravinsky. Sabía cuestiones que se manejaban en todo el planeta. Con esa influencia hace una danza andina a la que él le llamó ‘Alza’ en la primera versión”, dice Anzolini.

Y si hay un desconocimiento grande aún respecto a la obra de Luis Humberto Salgado, a Philip Glass, el compositor más famoso del mundo, no se lo ha interpretado en ninguna sinfónica de América Latina hasta hoy. “Nunca nadie ha tocado a Philip Glass debajo de Río Bravo”, dice Anzolini.

La sinfonía de Philip Glass que Anzolini quiso para interpretar con la OSG empieza con una fuerza, en la que se evidencia la influencia del rock en el compositor.

“Tiene mucha potencia -dice Anzolini-. El segundo movimiento es rarísimo, nadie lo asociaría a él porque dentro de sus sinfonías es muy raro. Es turbulento, misterioso. El primer movimiento es tremendo, empieza y se va, es laberíntico. Y el tercero es una cosa tremendamente nostálgica y termina como un suspiro”.

La elección de esta obra tan particular y que no estaba entre las sugerencias que le hizo Glass cuando recibió la invitación tiene que ver con que Anzolini ya había ejecutado la Quinta Sinfonía, que tiene un “montón de coros”.

Glass quería sonar en Guayaquil con su tercera sinfonía pero esa “es una cosa muy grande, difícil además es muy loca. Se parece al soundtrack de Las horas, esa música medio nostálgica, es rara”, dice Anzolini.

La presencia de Philip Glass en el país es simbólica. Él no dirigirá la OSG, estará en el escenario para ver cómo músicos latinoamericanos estrenan una sinfonía suya en una región que no se ha escuchado. El reto lo tiene la OSG, que durante meses ha ensayado un tipo de música minimalista con la que Glass, según Anzolini, rompe con la teoría darwinista de la música, con el vanguardismo de  Shoenberg a Boulez.

“Glass sacó de la tumba a la música académica porque la transformó, porque nadie escuchaba conciertos y luego se transformó en una especie de símbolo”, dice Anzolini.

Este viernes, a las 19:30, el reto es presentar en Ecuador a dos rupturistas que no suenan como deberían, a Glass y a Salgado. (I) et

Diálogo

Philip Glass en el CEN

→El compositor estadounidense Philip Glass dialogará mañana, a  las 16:00, en la sede de Luis Urdaneta y Córdova, del Centro Ecuatoriano Norteamericano.  En la charla hablará de su vida y su obra, junto con el maestro Dante Anzolini. (I)  

40 años de la muerte de Luis Humberto Salgado se cumplieron este lunes 11 de diciembre. 

Sinfonía andina

→La pieza que abrirá el concierto de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil este viernes 15 de diciembre, a las 19:30, es la primera obra sinfónica que compuso Luis. H. Salgado. Nunca la terminó.

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