La nueva novela de Laura Restrepo retrata un feminicidio

- 15 de mayo de 2018 - 00:00
La escritora colombiana posa para el lente de la agencia de noticias EFE, la cual la entrevistó durante su paso por España, país que también ha sufrido indignación por la leve sentencia contra una violación.
Foto: EFE

La autora cuenta la historia de la violación y asesinato de la niña indígena Yuliana Samboní en Bogotá. Debido a connotaciones sociales el crimen movilizó a todo el país.

La escritora colombiana Laura Restrepo ha levantado los “velos y eufemismos” sobre el feminicidio con una novela basada en un caso real de asesinato de una niña que levantó a la sociedad colombiana, similar a la “presión callejera” en España contra la reciente sentencia de La Manada y que considera “el único antídoto”.

Así lo aseguró la escritora (Bogotá, 1950) en una entrevista con la agencia EFE en Madrid, donde presenta su novela “Los divinos” (Alfaguara), una historia basada en un crimen que escandalizó a Colombia: el asesinato y violación de Yuliana Samboní en diciembre de 2016 cuando tenía siete años, una niña inmigrante que vivía en uno de los barrios más pobres de Bogotá.

La autora muestra la carátula de su nueva novela “Los Divinos” que recoge el relato de la violación y muerte de una niña a manos de un joven de clase acomodada de Bogotá.

En la novela, Laura Restrepo cuenta la historia desde el punto de vista del círculo de amigos del criminal, un joven de una buena familia que pensó que su nombre y su dinero lo salvarían de ser descubierto. Pero no fue así, ya que, en la realidad, el asesino cumple una condena de 58 años de prisión.

Con este crimen, recuerda la escritora, toda la sociedad salió a la calle, a pesar de que Colombia es un país acostumbrado a la violencia, que casi forma parte de la vida.

“Pero el componente adicional que desató las conciencias, que generó ansiedad y tal repudio fue que la gente sabía que el chico era intocable. Era tal la presión que pensé, o lo condenan, o cae el Presidente”.

En la novela, Restrepo cuenta la historia del grupo de amigos del asesino, los Tutti Frutti, cinco hombres jóvenes de la clase alta bogotana y el factor de cohesión que supone el machismo para ellos, al igual que ocurre en España con el grupo de hombres autodenominado La Manada.

Según la autora, la reciente sentencia que condenó a los cinco integrantes de La Manada a nueve años de prisión por un delito de abusos sexuales a una joven y no de agresión sexual o violación, como solicitaban las acusaciones, refleja cómo las estructuras de poder “están imbuidas de machismo”.

Para Restrepo, “la presión callejera es el único antídoto contra una cosa así” porque “pone en cuestión todo, pone en tela de juicio la autonomía de la Justicia. Creo que una cosa así hace que se tambaleen las estructuras de poder”.

La escritora considera que el caso de La Manada “es un oprobio, pero también es una radiografía donde sale a flote un sustrato machista que te deja frío. El caso es doble, indignación ante el hecho en sí y ante la reacción de la Justicia”.

La autora de “Delirio” denuncia también “los eufemismos y los velos” que recubren los delitos de violencia contra la mujer y que son “supuestos atenuantes que permiten dar la vuelta y atribuirle la culpabilidad a la víctima: afirmaciones como que era prostituta, estaba borracha o parecía disfrutar... tienen que ver con la impunidad. La culpabilidad recae en la víctima”.

Por eso, en lugar de contar la historia en su novela desde la perspectiva femenina o desde el punto de vista de la víctima, quiso hacerlo desde el del agresor o, más bien, desde el grupo de amigos del criminal para ahondar en ese “deseo de satisfacción inmediata”.

También analiza la relación de ese grupo con otras mujeres que no son la víctima, pero que conforman una cadena de desprecio “desde lo socialmente tolerable”.

Los cinco Tutti Frutti no son asesinos y violadores, pero están unidos al asesino por un desprecio común a la mujer, explica Restrepo, que asegura que entre ambas situaciones existe una frontera difusa.

La escritora está convencida de que “todo sociópata pertenece a una sociedad que lo alienta y le sirve de caldo de cultivo” y por eso se sienten inmunes e impunes. (I)  

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