El requintista se retiró del oficio hace casi 10 años, luego de su larga diáspora en venezuela

Ney Moreira: “La música nacional ya no es como en los años 70”

- 18 de septiembre de 2015 - 00:00
Ney Moreira presentará en los próximos días un concierto, en Portoviejo, en homenaje a la Virgen de la Merced.

El requintista se retiró del oficio hace casi 10 años, luego de su larga diáspora en venezuela

Ney Moreira pasaba las tardes sentado en el zaguán de su casa, en Guerrero Martínez y Gómez Rendón, en el suroeste de Guayaquil. Había aprendido todos los intros de las canciones que cantaba Julio Jaramillo, J.J., acompañado en la pequeña guitarra del maestro Rosalino Quintero.

Moreira era entonces un adolescente emocionado con la música, se conmovía con los programas radiales que cada tarde acompañaban las cenas familiares con un nuevo dúo, con una nueva voz, con el sentimiento de los pasillos, los albazos y sanjuanitos que consolidaban una época, un sentimiento de ‘lo nacional’.

El pequeño Ney Moreira quería promocionarse. Había dejado su barrio, Andrés de Vera, en Portoviejo, Manabí. Su familia conservaba una tradición musical en la que habitaban guitarristas y cantores. Él escogió el requinto para enamorarse de la música y se sentía listo para mostrarle al país lo que sabía. Llegó a Guayaquil a probar suerte con su guitarra.

Algunas de las tardes en las que se dedicaba a tocar el requinto, pasaba J.J. frente al zaguán cada vez que iba hacia el mercadito de la calle Cuenca, porque, además, era su vecino. “Me veía con la guitarrita tocando en el zaguán y me preguntaba por las canciones que sabía”, recuerda Ney desde su casa, en Portoviejo.

-¡Qué bien!, te felicito, yo te voy a llevar a Venezuela- le decía J.J.
Entonces, Ney corría a contarle a su hermano.
-¡Me voy a Venezuela con Julio Jaramillo!
-Tú no te vas a ir a ningún lado con ese borracho, -contestaba enojado su hermano-.

“Entonces, yo le contaba a Julio y él se reía y decía: esa es la fama que le dan a uno, pero Julio fue un gran cantor, una gran persona, un caballerito, como un hermano”, dice Moreira.  

Poco tiempo después de haber llegado a Guayaquil conoció a Ángela Játiva, la presentadora de ‘El club de los niños de la abuelita Ángela’, en Canal 4. Entonces, la promoción que se había hecho en el zaguán de su casa le sirvió para ser el acompañante de la voz de Miriam Constante en uno de los programas del canal.

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Durante ese tiempo conoció a Olga Gutiérrez, la argentina que dejó el tango por dedicarse al pasillo en Ecuador. En ese entonces, Gutiérrez, era la vocalista de Los Brillantes, uno de los tríos más icónicos que ha tenido el país, y estaba buscando un requintista que reemplazara a Homero Hidrobo.

El sustituto de uno de los requintistas más famosos de ese entonces fue el aún adolescente Ney Moreira. Lo probaron y pasó la prueba. “Estuve tocando un rato y me eligieron como integrante porque parecía que les había gustado”, dice Moreira.

La dinámica en Los Brillantes, a decir de Moreira, era complicada, pues ‘Olguita’ Gutiérrez era exigente y aquella actitud alteraba el panorama. Varias veces Moreira dejó el trío, por lo que estuvo en tres etapas distintas como requintista.

En las presentaciones competía con Naldo Campos, aquel otro requintista manabita que también conformó el trío Los Brillantes y al que considera excepcional. En ese período conoció, además de Homero Hidrobo, a  Rosalino Quintero, Guillermo Rodríguez, Bolívar Lara, Víctor Galarza, Abilio Bermúdez y Pepe Dresner.

Moreira quiso tener un poco de cada uno de ellos y cada vez que le reiteran el apelativo de ‘el requintista de oro’ él reivindica su historia: “Soy parte de esa cantidad de guitarristas ecuatorianos extraordinarios, aprendí de ellos, pero la verdad es que yo nunca fui el mejor”.

Años más tarde la promesa que le había hecho Julio Jaramillo se consolidaba por cuenta propia. Después de tocar en el Tequendama de Oro y  grabar varios discos en Colombia con un dúo manabita, Moreira se radicó en Venezuela por 33 años. Allí, se dedicó a trabajar en otros géneros, tocó con una Orquesta de Cámara, en hoteles y con solistas, como Oscar D’León. Los dos últimos discos de J.J. los acompañó Moreira, con su requinto.

Su último trabajo fue en un hotel en el que constantemente contrataban músicos, hasta que cambió de dueños. Se retiró de la música el 26 de noviembre de 2006.

Volvió a Ecuador, a San Andrés, en Portoviejo. Cree que hizo todo lo que tuvo que hacer con el requinto y no quiso seguir tocando, aunque lo hace, como ahora, que se prepara para una presentación en un homenaje a la Virgen de la Merced. Allí volverá a tocar con Lilian Suárez.

“Creo que Dios nos da siempre inteligencia y tenemos un límite de virtuosismo, de capacidad y yo por más que luché por ser el mejor, nunca lo logré. Pero me conformo con lo que hice, porque lo que hice, lo hice con mucha dignidad. No me arrepiento de nada, ni de haber seguido los pasos de los grandes requintistas”, dice Moreira.

El requintista manabita, que hizo gran parte de su carrera en Venezuela, se retiró de la música con el silencio de los programas de la tarde con los que creció.

En la época en la que los acetatos casi no se consiguen, las disqueras de intérpretes locales son menos populares, las rocolas fueron reemplazadas por un sintetizador cualquiera en los espacios de encuentro, en una época en la que la música local es para escuchar en determinado momento.

“Ahora están escuchando salsa y si pones un pasillo, te dicen que no es el momento”, dice Moreira. Agrega que ya no es tan notorio que haya estrellas del requinto -aunque asegura que existen nuevas generaciones haciendo lo suyo-.

Moreira se retira de la música con el recuerdo de “ver tocar a Bolívar Lara, a Naldo Campos. Eso era un espectáculo -dice- era la época del instrumento de moda, del requinto, ahora lo hacen y muy bien, pero ya la gente no le da el reconocimiento. No es que no sean tan virtuosos, sino que la gente no lo toma en serio. Los músicos de ahora no tienen la suerte que tuvimos nosotros. La música nacional ya no es como en los 70”.

Ya no es como cuando cantaba Julio Jaramillo. (I)

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