Swett delimita el centro con sus rasgos humanistas

- 29 de mayo de 2018 - 00:00

En Guayaquil hay más de 110 murales de este artista que plasmó sus ideas en paredes y fachadas desde la década del 60. Sin embargo, no existe un registro total ni detallado que permita contar la historia y las características de cada uno de sus trabajos. “Mi papá además cobraba barato”, dijo su hijo en un recorrido por una parte de su obra.

Jorge Swett (Guayaquil, 1926-2012) se consideraba un humanista. Decía de sí mismo ser el único cholo con apellido gringo. Parte de su infancia la vivió en el campo. De muy joven acompañó a Julio Estrada en sus exploraciones arqueológicas y se enamoró de los diseños de los Manteño-Huancavilca.

Cuando empezó a hacer murales se asoció con una fábrica de mosaico vítreo para producir los colores vibrantes que están montados en el frente de la Caja del Seguro y, luego de eso, dejó su sello en cuanta pared pudo intervenir.

Hace dos semanas, el Municipio de Guayaquil y el colectivo de arte Los Chivox iniciaron lo que sería una serie de recorridos por las paredes que tienen el rasgo de Swett. El primero fue en lo que va de la calle Olmedo hasta el Cementerio General de Guayaquil, sin cruzar la avenida Quito, hacia el oeste.

En un carro turístico de dos pisos que hace recorridos por el centro, un grupo de gente se reunió para reconocer los murales no contabilizados de Swett. La visita estuvo guiada por su hijo Carlos. Todo empezó en el Museo Municipal, en Sucre y Pedro Carbo. Allí, Jorge Swett trabajó un mural de granito, mosaico, hierro y bronce, al cual su hijo considera obstaculizado por las grandes palmeras que lo rodean.

Desde este punto de la ciudad avanzamos por seis de los murales que pensó Swett durante su prolífica vida.

Los espectadores escucharon y se agachaban por el riesgo de toparse con algún cable eléctrico.

En 1961, Swett hizo su primer mural. Su maestro Segundo Espinel le avisó de un concurso internacional para el diseño de dos trabajos en el puerto marítimo. El artista ganó y fue el inicio de una serie de obras que ahora inundan los edificios de la ciudad en interiores y exteriores. Tiene murales en todos los colores, tamaños, formas y temáticas. No se sabe exactamente cuántos son, pero su hijo calcula que llegan a 110.

En todos sus trabajos está presente el hombre, su fuerza, su trabajo, sus habilidades y sus proclamas por la igualdad social; así como las figuras que lo maravillaron de la cultura Manteño-Huancavilca. Los murales de Swett son, según su hijo, los primeros trabajos en los que se utilizó la simbología precolombina Manteño–Huancavilca con formas reminiscentes de arte autóctono replanteadas, modernizadas y con la incorporación del color.

Según Carlos Swett, con ellos se inició la pintura precolombina, “en la que se que retoman las estilizaciones y el espíritu antes desestimado o usado esporádica y aisladamente, y solo con finalidades decorativas o folklóricas”.

El mural que trabajó en el puerto, en el sur de la ciudad, se basa en un relato de la conquista. Simula la llegada de los españoles a costas sudamericanas y su encuentro con un nativo orgulloso de sus raíces. Este le entrega a los foráneos productos que forman parte de la riqueza ictiológica y vegetal. El puerto marítimo aparece como escenario de intercambio.

Un año después, Swett intervino el aeropuerto con otro mural de gran tamaño al que llamó ‘El hombre y la paz’. Lo hizo luego de ganar el primer premio en concurso nacional para su diseño y ejecución. En este graficó la inconformidad durante la Guerra Fría. Las personas que perfiló tienen actitud de batalla pero, al mismo tiempo, buscan tregua junto a una estrella que representa el primer viaje espacial.

Otro de los trabajos más representativos de Swett, en los exteriores de la Caja del Seguro, nació en la década de los 60 y lo hizo con su maestro Segundo Espinel, un hombre que no era de andar sobre andamios. “Desde abajo le preguntaba a mi papá, “Muchacho, ¿cómo va todo?”. Este mural fue en su momento el más grande de América Latina en su tipo. Cada uno de los  90 metros de longitud y 3.50 de alto le tomó hasta un día de trabajo.

En 2016, el Ministerio de Cultura y Patrimonio intervino la pintura. Según su hijo, la dañaron a pesar de que él ofreció su ayuda para trabajar en su restauración. Recuerda que le dijeron que –de acuerdo con la ley– quien tome el contrato debía ser un restaurador profesional.

Los murales de Swett están en todo Guayaquil y podrían convertirse en una ruta para entender la ciudad desde la concepción de edificios representativos y las formas en las que dialogan en la actualidad con el espacio público.

Sin embargo, los estudios sobre la obra de Swett en las calles de la urbe aún están pendientes. (I)

Jorge Swett

Vida y obra

Jorge Swett fue el primero en trabajar con rasgos de culturas precolombinas en sus murales.

Incursionó en las artes gráficas, publicidad, fue escenógrafo de canales de televisión y presidente de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas, además de profesor universitario hasta el final de su vida, él confesaba a la izquierda como su ideología política.

Swett combinó grafito, cerámica y mosaico vítreo en gran parte de sus murales.

El más grande de sus murales lo trabajó con su maestro en el frente de la Caja del Seguro. En su momento fue la decoración de mayor dimensión en América Latina.

Trabaja con historias ligadas al pasado ecuatoriano enlazadas a hechos de interés mundial. En la composición de la imagen ilustrativa utiliza la representación humana en la geometría de formas alargadas.

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