Grafiti, un arte que aún busca ser legitimado

27 de enero de 2013 - 00:00

Un grafitero no es un pandillero. Un grafitero no es un maleante. Un grafitero, desde sus posibilidades y capacidades, es un artista. Cada cuadro expuesto en el evento “Expresionismo urbano” pretendió dar cuenta de aquello.

La exposición-concurso fue realizada en el vestíbulo de la Biblioteca Municipal, donde se montaron obras de Fernando Botero, Oswaldo Guayasamín, Edvard Munch y René Magritte. No las originales, sino pintadas con las técnicas del grafiti.
Estos cuadros realizados sobre MDF (una especie de madera) recogían la esencia  de las obras de estos artistas del expresionismo.

Las adaptaciones fueron realizadas por cuatro grafiteros de la agrupación de artistas urbanos conocida como Mono Sapiens Crew, conformada desde el año pasado. La exposición también contó con otros cuadros hechos por ellos.
 
“Expresionismo urbano” fue organizado por María Gabriela Castro, Carlos Sacoto y María José Cedeño,  alumnos de Comunicación Social de la Universidad Católica, como parte de la cátedra Animación Cultural II. El pedido principal era realizar un evento donde se conjuguen la cultura popular con la de élite.

Cedeño explicó que la elección del tema se basó en que querían “buscar la manera en la que la gente vea el grafiti, no como una forma de pandillerismo, sino como arte”.

Los asistentes, jóvenes en su mayoría, recibían un papel que indicaba el número de cada obra, debían elegir uno, colocarlo en un ánfora, pues luego se haría la elección del cuadro favorito. “Qué bacán”, “Mira qué increíble”, se escuchaba entre los asistentes. Varios sacaban sus cámaras para captar las obras.

En el reducido lugar, la primera pieza con la que el público se encontraba era la del francés René Magritte (1898-1967), “El hijo del  hombre”. Solo se veía el torso y la cabeza, a diferencia de la obra original. En lugar de una manzana en el rostro, una lata de aerosol cubría la cara del ser dibujado. Fue realizada por Wilton Gómez (Rnmnobi).

Seguía la conocida obra del noruego Edvard Munch (1863-1944), “El grito”, una pintura que mundialmente ha sido sometida, en distintas plataformas y numerosas ocasiones, a adaptaciones y parodias. En este caso, la cara pintada era la del mismo grafitero, Miguel Ángel Tumbaco (Clímax).

El siguiente cuadro era una recreación de la obra del colombiano Fernando Botero (1932), “Una víctima”. La pieza muestra un hombre gordo y desnudo, cuya cabeza, cubierta con una gorra, está de espaldas, viendo a una pared que tiene pintado un grafiti. Detrás, las manos con esposas y una lata de aerosol. El  encargado de esta obra fue José Briones (Yimbo).  

La última adaptación era una cita de la obra de Oswaldo Guayasamín (1919-1999), “Un grito de silencio”. En lo único que se diferenciaba con la original era el material y técnica con que la realizó José Suárez (Taz). “Lo que hice fue tratar de reproducirlo tal cual para que tenga el mismo impacto”.  

Hasta las 17:40, la obra favorita era “El grito”. “La que más me impactó fue ‘El grito’, más que todo las líneas que logró realizar el grafitero”, afirmó Johnatan Montes, parte del público. Jefferson Jiménez también eligió ese cuadro y rescató “la paciencia, dedicación y agilidad” que tuvo el artista.

También hubo un espacio para que cada uno de estos artistas urbanos explicara su obra. Melba Cedeño, maestra de ceremonias, mientras se dirigía a Briones, le preguntó: “¿Nervioso por el resultado?” y, entre risas, contestó: “No”. Estaba satisfecho con su pieza, y su confianza no le falló. Su obra fue la más votada y fue acreedor a $ 100.

Yimbo, quien desde hace 14 años se dedica al grafiti, comentó que su obra “es una representación de la visión y el trato que tiene la gente  sobre los grafiteros”, y agregó: “Se nos criminaliza... Pero nosotros somos artistas”.

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