Dumas Mora fue la voz del amorfino montuvio

- 21 de agosto de 2018 - 00:00
El orador fue uno de los más fuertes representantes de la cultura oral montuvia. Residía en Calceta y recibió varias condecoraciones.
Foto: Leiberg Santos / EL TELÉGRAFO

El orador falleció el último domingo, a los 88 años, en su casa de madera en Calceta. Sus restos se velaron en el recinto El Corozo.

Dumas Mora construyó con sus manos una casa de madera y la llenó de sucres, esa antigua moneda ecuatoriana que se cambió porque perdió su valor a finales del siglo pasado. Quería que la gente que lo visitaba dijera que en su casa, literalmente, se caminaba sobre plata.

En esa casa en Calceta, la pequeña ciudad manabita que lo reconocía como un héroe, murió el pasado domingo, a los 88 años, caminando sobre plata y recordando versos.

Mora era uno de los grandes representantes del amorfino, esas coplas necesarias para la memoria y la sabiduría que se profesa en la cultura montuvia.

Nació en 1930, en El Corozo, en Calceta, e iba solo a la escuela de pasada. Prefería hurgar en bibliotecas abiertas, como una que había en  la escuela San Martín de Porres.

Allí conoció a los filósofos griegos que definen gran parte de la cultura occidental y aprendió de ellas. 

Dumas Mora empezó su carrera de orador en una de las tradicionales fiestas del 12 de octubre que se celebraba en Calceta y se elegía a la reina. A la reina le dedicaban poesías escritas en papelitos rosados que se vendían en las tiendas del pueblo.

Así, en 1942 Mora fue elegido para acompañar a la reina y dedicarle unos versos.

Cuando dedicó su vida a memorizar coplas recorrió el país con ellas. El año pasado en una entrevista con este diario, aunque ya casi no salía, confesó haber escrito más de 10.000 versos de humor, amor, política, frases graciosas y picantes con las que podía dar explicación a cualquier pregunta.

Aunque muchos de los cuadernos en los que escribió sus pensamientos se perdieron, este personaje murió con la idea de que su trabajo estaba en la memoria.

Últimamente también trabajaba con una sobrina para que le transcribiera su obra en una computadora.

En vida lo reconocieron, en 2004 como Juglar Popular de Manabí, un título entregado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana de esa provincia.

Dumas Mora guardaba entre sus tesoros un revólver antiguo y un machete.

En el patio de la casa que construyó acumulaba también como su patrimonio unos sombreros de zapán -hechos con la corteza seca de las matas de banano-.

En su vivienda lo visitaban de todas partes del mundo. Allí vivió con sus ahorros, centavos de dólar que acumulaba poco a poco, aunque quería tener el suelo lleno de plata. (I)  

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