El costumbrismo renace en obras de la vieja guardia

- 29 de julio de 2018 - 00:00
Inició sus estudios en el Colegio de Bellas Artes a los 13 años y del que fue abanderado. En 1984 fue presidente de la Asociación Cultural Las Peñas, hasta 1986. La naturaleza es protagónica en sus obras.
Foto: José Moran / El Telégrafo

El Grupo de Acuarelistas del Guayas expondrá hasta este domingo 29 de julio, en Las Peñas, una muestra de paisajismos y personajes icónicos de Guayaquil para honrarla.

Más que celebrar a la ciudad, el Grupo de Acuarelistas del Guayas decidió honrar al costeño y sus costumbres perennes tanto en  Guayaquil como en los cantones aledaños en la muestra Ritual 2.

Estos artistas crearon 30 obras que presentaron en la Casa de la Cultura del Guayas y que desde el viernes trasladaron al barrio Las Peñas como una fiel tradición que honra a la ciudad por sus 483 años de fundación.

En esta edición las estructuras simbólicas de la urbe como las escalinatas del Cerro Santa Ana, los atardeceres sobre el manso Guayas y aquellos personajes icónicos que habitan sus calles protagonizarán las obras.

La cultura de cantones contiguos también se distinguirá en cuadros donde se aprecia la vida en el mar, las casas de caña y la cultura de su gente, como los pescadores, comerciantes y mujeres empoderadas de la actividad artesanal en esta región.

“Nuestra intención es que la técnica de la acuarela sea más difundida en el país y si todo sale bien llevaremos la muestra a Quito”, adelantó el acuarelista Eloy Cumbe, quien pintó temas “muy personales”, donde exhibe al costeño en distintas facetas.

“Me gusta trabajar con la humedad porque me da más libertad y frescura”, revela el artista sobre su técnica aplicada a “Después de la lluvia”, una obra a la que agregó mucha agua y color, controlando las proporciones para que no se fundan ni ensucien el paisaje.

En cambio, los cuadros de Tony Moré develan el constructivismo abstracto que emplea desde 2016, en composiciones de coloridos bosques y autos viejos que retrató en primer plano.

“Mi constructivismo se basa en la sinología funcional que mi papá (Humberto Moré) creó. Se trata de una curva a la que le puso una recta e hizo un signo de interrogación. Lo que hice fue cerrar esta circunferencia y aplicarla en mis composiciones”, cuenta el  arquitecto.

En paralelo, la acuarela realista se aprecia en las pinceladas de Víctor Peña. “Yo manejo un estilo costumbrista, como le decían antes, tengo rincones de Las Peñas, una casa patrimonial que querían demoler y las casitas de campo que aprendí a elaborar cuando estudiaba arquitectura vernácula”, dice el pintor que se inició con la técnica de plumilla.

Mientras que Robin Echanique quiso destacar a la mujer en varios roles. “Ella me atrae muchísimo sobre todo como ser humano, pues se presta a ser retratada en temas como la maternidad o los quehaceres cotidianos. Hay una expresividad en el rostro, su cabello y otras cosas que la diferencian del hombre”, sostiene el curador de la Pinacoteca de la Casa de la Cultura.

Los balcones del Guayaquil antiguo o la pesca indiscriminada se distinguen con el sello de Carlos Flores. “Antiguamente uno pintaba el suburbio, las ventanitas y algo más; era como una exigencia de la sociedad, ahora pinto temas a mi gusto en colores fuertes, tratando de encenderlos y dándoles la mayor luz que se pueda”, indica el artista que también ha explorado el óleo en sus obras.

David Cumbe, el más joven de los acuarelistas, se impone como un innovador del estilo abstracto y a diferencia de su padre Eloy, desarrolla temas sociales de coyuntura como el aborto y la migración.

“Manejo las temáticas de expresar los sucesos, la vida cotidiana y situaciones de las personas, pero innovando con el mismo material, en este caso, con la cartulina como soporte. He hecho una especie de tejido para darle otra perspectiva en la forma de pintar”, menciona este admirador de Picasso.

La perspectiva de Fernando Naranjo, miembro del grupo y presidente de la Casa de la Cultura, también se sumó en cuadros que resaltan la cultura de la península de Santa Elena.

La vida cotidiana de una abuela y su nieta en una humilde villa, unas canoas viejas en la orilla del mar y la iglesia de El Palmar son parte de las obras a las que agregó volumetría y luminosidad.

“He explorado nuevamente la vegetación y los interiores de la arquitectura vernácula”, señala el artista que se califica como el más conservador del grupo. (I)

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