Artistas callejeros protestan en Argentina contra regulación de su actividad

- 10 de julio de 2018 - 19:03
Foto: AFP

Una marea de payasos, bailarines, malabaristas y músicos de todo tipo protestó este martes 10 de julio con una colorida caravana frente a la legislatura de la capital argentina contra un proyecto de ley al que acusan de restringir el arte callejero.

Al son de tambores, trompetas y bombos los artistas hicieron un abrazo simbólico a la legislatura, donde se discute un proyecto que castiga con multas y días de arresto a quienes causen "ruidos molestos" en la vía pública.

Entre paraguas con lentejuelas y flecos coloridos, Angel Fontana se abre paso. Desde hace más de tres décadas dirige a Los Fantoches de Villa Urquiza, una de las murgas que anima los carnavales de la ciudad cada febrero.

"Eso no se puede hacer, quieren que el arte se convierta en una contravención y pueden dejarte cinco días arrestado, volvimos a la dictadura", se queja Ángel ante la AFP.

Explica que en las más de 200 murgas que existen en la ciudad participan unas 15.000 personas que ensayan en centros culturales, plazas y parques.

Además de bailarines y músicos de murgas, existen más de 3.000 artistas ambulantes en la ciudad, según datos del sector.

Hasta el momento, para que la policía actúe es necesario que una persona formalice una denuncia. De aprobarse la nueva normativa bastará con un llamado anónimo.

El proyecto no especifica cuándo un ruido es molesto, lo que según los artistas abre el camino a arbitrariedades.

Con su nariz roja y las trenzas curvadas hacia el cielo, Romina, de 29 años, le da vida a la payasa "Mingui" para ganarse la vida.

"Bajo la solapa de 'ruidos molestos' pretenden criminalizar el arte público en la calle y en los centros culturales", dice.

A su alrededor equilibristas desafían la gravedad en una soga, otros hacen malabares con pelotas y payasos montados en zancos se abren paso en lo que parece más una fiesta que una protesta de cientos de artistas.

"Hay mucha gente que 'labura' (trabaja) de esto a diario y puede perder sus materiales de trabajo o abrírsele una causa penal por una denuncia anónima que puede ser inexistente", dice Romina.

"El arte callejero no es delito", se lee en los carteles que penden de monociclos, instrumentos musicales y valijas de payasos.

"Tengo colegas que están en Europa haciendo giras callejeras", explica Romina al destacar que "en otros países se hacen festivales de arte callejero mientras acá se intenta erradicar y sepultar".

Con su guitarra a cuestas, Oscar es un músico de 30 años que desde hace cinco recorre las calles de la periferia norte de la capital con su música "a la gorra".

Congenia su vocación con el trabajo en una carpintería, porque -dice- "vivir del arte no es fácil".

"No se puede imaginar a ninguna nación sin arte callejero porque es el arte real, el verdadero, adonde estamos (los artistas) para sacar a la gente de su vida cotidiana", afirma, y se aferra a su guitarra. (I)

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