El taxi en que no suele hablarse de fútbol ni contra los migrantes

- 16 de enero de 2019 - 00:00

A Mary el taxismo le llegó con la viudez. Lo recuerda en el Parque Italia, cerca de la Cooperativa en que trabaja. Pero a ella no se la encuentra en la parada habitual porque sus compañeros se oponen a que use el taxi de quien fue su esposo y que murió a causa de un cáncer estomacal.

En el reglamento de la empresa —que está siendo auditada— dice que ante el fallecimiento de un socio, este puede ser remplazado por sus hijos o esposa si tienen licencia profesional y son dueños del vehículo.

Ella tiene documentos que la respaldan pero los taxistas quieren cobrarle la salida de su deudo y su entrada. Terminaría pagando $ 4.000 por un puesto que a otros socios les cuesta la mitad, explica, mientras un tipo le pita y enciende las luces en el Seminario Mayor.

—Son hombres cuadrados, cerrados y, para completar, machistas— suelta la taxista que tiene tres hijas, niñas y denunció su caso en la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria.

Viven en Calderón, una parroquia quiteña donde circulan conductoras en taxis amarillos o regulares como el de Mary, pero también en los informales o piratas, y en furgonetas que suplen las ausencias del transporte público. Una mañana, un semáforo puso en el mismo camino al taxi de Mary con un autobús azul, enorme, conducido por otra mujer.

Sonrieron al verse. “Las cosas están cambiando poco a poco”, comenta aunque cuenta que no tiene amigos entre sus colegas, que nunca la han apoyado pese a que trabajaron durante un año con su esposo.

—Deberíamos armar una cooperativa que sea solo de conductoras— sonríe.

Un consuelo que tiene es que cuando alguna dirección está fuera de su mapa mental, los clientes acceden a explicárselo con facilidad; algo que pasa menos con los hombres, admite. Le insinúo que quizá los pasajeros extrañan hablar de fútbol...

—A mí me encanta ese deporte, pero nunca he hablado de eso en el carro (...) En lo que nunca coincido es en criticar a los venezolanos porque trabajé en España y sé por lo que están pasando. (I)

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