Diagonal a la PJ en menos de 10 minutos desvalijan un carro

- 04 de diciembre de 2018 - 00:00
Fotos: Néstor Espinosa / El Telégrafo

Diez minutos es demasiado tiempo. En realidad, una eternidad para los delincuentes que en tres minutos se llevan un carro del pie de la casa de su dueño (Colinas de la Alborada, noviembre de 2018).

En Guayaquil, las redes de la delincuencia abarcan cada rincón, sin excepción. En los barrios autosuficientes como Vía a la Costa (con guardianía privada las 24 horas del día), al paso, atrapan bicicletas, celulares, relojes.

En las calles del resto de la ciudad, donde el abandono es marcado, golpean, disparan, arrastran, rompen ventanas de autos en el semáforo y despojan al ciudadano de sus pertenencias. (Av. Orellana, octubre/noviembre de 2018).

En las casas entran, amarran a los dueños y las vacían. Si no hay habitante en casa se llevan los sanitarios, la grifería e incluso ventanales y puertas (barrio del Salado, agosto de 2018).

Aunque todos los días hay asaltos, robos, hurtos, y desde hace algunas semanas los noticieros reportan el regreso de los patios de desguasaderos de carros en Guayas y Los Ríos (Ecuavisa, jueves 29 de noviembre).

No deja de impresionar que a pocos metros y diagonal a la Policía Judicial, donde docenas de agentes entran y salen a cada rato, por el laboratorio de criminalística, donde se investigan los crímenes más sofisticados del distrito policial, y sobre todo, afuera de los muros del consulado del país más poderoso y vigilado del mundo (EE.UU.), en menos 10 minutos desarmen carros y se lleven sus piezas. En menos de diez minutos, en medio de gente esperando transporte público, introducen llaves, alambres a través de las puertas de los carros para abrirlas y sacar lo que puedan del interior, si es que no se llevan el carro.

En menos de diez minutos ante los ojos de águila, de la gente y de tantas, tantísimas cámaras que nos vigilan, se arrastran bajo el carro y sacan la computadora (cerebro) del vehículo. (Av. Rodríguez Bonín, octubre de 2018).

Tantas cámaras, tantos policías, tantos guardias privados y nadie nota lo que sucede a su alrededor. (I)

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