La ciudad renombrada

03 de julio de 2019 00:00

”Lléveme al Parque Guayaquil”, le digo a un conductor de taxi amarillo, de esos que dan confianza: pasado de edad y tan delgado que no agrediría ni a un ciclista. Detiene la marcha para verme a la cara. “¿A dónde?”, me repregunta asustado, como si le estuviera hablando de un nuevo lugar hipster al que, en sus 25 años de taxista, nunca ha ido.

Le digo que sí, al Parque Guayaquil o Plaza Rodolfo Baquerizo. “Solo los viejos lo conocemos con el primer nombre, ya hace años que nadie lo llama así. Por alguna razón se lo cambiaron y nos dejaron sin un solo parque con el nombre de la ciudad, alguno debería llevarlo, ¿no cree?”, me dice con una voz rasposa y debilitada por la edad. Le pregunto que cuál sería el parque que debería llevar el nombre de la ciudad y me contesta que el Centenario.

— ¿Le parece que debería ser el Centenario aun cuando está lleno de mendigos, cerrado a media puerta y rodeado de prostitutas y carros que viajan a Durán?
— Cuando llegué a Guayaquil eso no era así, era un lugar de encuentro. Allí paseaban las muchachas que trabajaban de domésticas en su día libre. Estaba tan lleno que uno tenía que ver a los ojos a la muchedumbre para reconocer a sus amigos. Y si en un día hacía calor, uno podía hasta bañarse en el parque.
— ¿Bañarse en un parque en Guayaquil?
— Su alcalde quitó eso porque decían que la gente se aprovechaba para hacer cosas malas, pero no era así niñita, solo había que controlar, porque ahora uno que anda en la calle ¿dónde encuentra un baño?

Lo que no sabe el taxista es que los baños que derribaron eran obra de uno de los arquitectos más prolíficos de la ciudad, el italiano Francisco Maccaferri, que además de casas pensó en dos diseños de baño para la gente que transita por la calle.

Lo que tal vez conozca es que, así como el parque Guayaquil, se han renombrado el Seminario, que hasta mediados del siglo XIX se llamaba Plaza de la Catedral; la Plaza San Francisco, que en realidad es la Plaza Rocafuerte (no por nada Don Vicente está en el centro), y la calle paralela al Malecón, donde se tendía cacao y era la Calle del Comercio y no Pichincha ni Panamá. (O)

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