El profesionalismo ha contagiado al amateurismo

- 27 de julio de 2018 - 00:00

El “espíritu” de Neymar está vigente después del Mundial y parece destinado a quedarse. Aunque a menor escala, en las ligas barriales de Quito se repite la escena: un jugador sale por los aires sin que su rival lo toque y con su impulso parece que puede recorrer la avenida de La Prensa sin problemas.

En la liga barrial Quito Norte hay espectáculos así, aunque la entrada no cueste y tampoco lo amerite. El fútbol moderno tiene ese toque: el profesionalismo ha contagiado al amateurismo y se replica en las canchas donde se juega solo por deporte.

Zapatos con todos los tonos del arcoíris, peinados sacados de un videojuego y modas estrafalarias se mezclan. Parece que el talento es secundario.

También aparecen los futbolistas que dejan de lado cualquier elemento externo: los serios, los que juegan con honor y empujan a su equipo.

No son estereotipos; de verdad están y evidentemente, también la mezcla de ambos. Es decir, un “Neymar”, talentoso, pero con aspiraciones al Óscar.

En esa Liga, las sanciones suelen ser más drásticas que en la Ecuafútbol. Una agresión puede ser sancionada hasta con seis fechas, cuando en el torneo profesional se aplican dos partidos. Escupir está prohibido y amerita una tarjeta amarilla. Todo eso, para que el orden se mantenga.

El sol mañanero pega de frente en los futbolistas, que se quitan las lagañas antes de entrar a la cancha. El himno de la Champions League suena en los parlantes, para darle un ambiente más profesional y los 14 futbolistas se alinean antes de iniciar el encuentro.

En el silencio de la mañana solo se escucha a una vendedora de hornado; ofrecer bebidas de moderación está prohibido. Con el juego en marcha aparecen los primeros lamentos, pero el juez no compra: no hay falta, ni amarilla. El VAR no es necesario, pues el ojo de águila del central le permite descubrir que el remedo de Neymar está en la cancha. (I)

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