La vía a Daule es el camino que lleva a las ciudades paralelas

- 08 de mayo de 2018 - 00:00

La vía a Daule es una de las arterias de Guayaquil que más tráfico soporta todos los días. Decenas de miles guayaquileños la usan para llegar a sus trabajos. Recorre 27 kilómetros de la ciudad en los que hay zonas industriales, sectores de moteles, colegios emblemáticos, centros comerciales, medios de información, urbanizaciones e invasiones consolidadas.

Los ciudadanos la recorren todos los días del año y en la mayoría de casos durante toda su vida laboral sin salirse jamás de su perímetro, sin mirar a los costados. Precisamente a los costados de esta carretera -como Stephen Hawking- se puede afirmar que existen ciudades paralelas que los guayaquileños no conocen.

A la altura del km 8.5, frente al complejo judicial de La Florida, hay una entrada oculta entre pasos a desnivel, fábricas y bodegas.

Ahí empieza una ciudad paralela. Es el inicio de la av. Fernando Gutiérrez; en este mundo paralelo y también fuera de él, nadie sabe quién es Fernando Gutiérrez, ni por qué la calle se llama así. La avenida está construida de concreto con parterre central y dos carriles sin marcar a cada lado, aunque las palmeras mal nutridas del parterre central hacen suponer que sigue siendo Guayaquil.

El terreno accidentado es diferente al del resto de la ciudad, incluso la fisonomía y el hablar de la gente son otros. Los acentos manabitas y de la Sierra central predominan. La calzada está atestada de carros, motos y mototaxis. Casas grandes, de varios pisos, pegadas unas con otras y todas llenas de negocios: restaurantes, gabinetes de belleza, tiendas de abarrotes, consultorios médicos y de abogados, pero sobre todo mecánicas de motos.

Bien adentro en la av. hay un semáforo, sobre una explanada que pretende ser un redondel para distribuir tráfico. Nadie respeta ese semáforo, todos se quejan de las mototaxis, pero nadie se identifica por temor a represalias.

Muchachos descamisados, en pantaloneta, en sandalias manejan las mototaxis, que en su mayoría no tienen placa. Esa es la queja principal de los vecinos y señalan a las mecánicas como las causantes de todo ese caos. “Ellos hacen y rehacen esas motos”, lamenta un hombre arriba en el Mercado San Jacinto. (I)

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