El síndrome del corazón roto nos deja indefensos

- 26 de julio de 2015 - 00:00

No hay dolor más agudo que el de un corazón abatido por la tristeza. Las penas y los desengaños lastiman el corazón y aunque resulta difícil describir este dolor, la ciencia intenta explicar lo que los seres humanos sienten cuando, literalmente, les rompen el corazón.

Los médicos lo llaman el síndrome del corazón roto y es provocado por un estrés físico y emocional intenso, pero, sobre todo, súbito.

Esta afección es conocida también como cardiomiopatía de Tako-Tsubo y presenta síntomas semejantes a los de un ataque cardíaco, como dolor en el pecho, ritmo cardíaco irregular e incluso dificultad para respirar.

Cada vez que nos rompen el corazón, el más afectado es el músculo cardíaco. El dolor por la pérdida de una persona amada o el no sentirse amado puede provocar un grado de depresión capaz de causar daños en el sistema cardiovascular. El dolor del desamor se desencadena por una oleada de hormonas que tanto una mujer como un hombre pueden experimentar después de la pérdida de un ser querido, el final traumático de una historia de amor o el divorcio. Según lo describen los médicos, este incremento de la adrenalina interfiere con la capacidad de bombeo del corazón, enviándolo a un modo de congelación y agrandando el ventrículo izquierdo.

El dolor suele ser tan grave que consigue que la persona acuda incluso a urgencias. Cuando este sentimiento es experimentado por personas sanas del corazón, es posible que aumenten las posibilidades de desarrollar problemas coronarios. Pero el problema es más serio cuando estos sentimientos afectan a aquellas personas que padecen problemas del corazón, porque este síndrome puede elevar hasta 3 veces la mortalidad de origen cardiovascular.

En un artículo publicado en la revista American Journal of Cardiology se advierte que hay evidencias, cada vez más concluyentes, de que las personas que se sienten felices son menos vulnerables al desarrollo de una enfermedad cardiaca, comparadas con quienes suelen ser más pesimistas y tristes.

Los especialistas concuerdan en que las emociones influyen de manera significativa en la salud.

De ahí que la depresión y la tristeza pueden provocar cambios en la actividad eléctrica del corazón e incluso llegar a producir arritmias graves que, a su vez, derivan en paros cardíacos repentinos. La ecuatoriana Lucía Gordillo Tobar, cardióloga, explica que el corazón es un órgano de origen muscular que está regido por el sistema nervioso autónomo.

Lo denominan sistema nervioso autónomo porque, aunque lo intentáramos, no podemos evitar que el corazón nos lata con mayor rapidez, ni que nos suden las manos, ni que nos suba la presión. El cerebro, según Gordillo, comanda todas las emociones, lo que conlleva a que los sistemas simpático y parasimpático también incidan en que el corazón lata más rápido (taquicardia) o a un ritmo más lento o irregular (bradicardia).

Estos sistemas, simpático y parasimpático, están en el sistema nervioso autónomo y se activan siempre en determinadas situaciones.

El primero (el simpático) trabaja a todo vapor cuando una noticia nos ha impactado al punto de dejarnos abatidos. Mientras que la sección, parasimpática, únicamente se activa en situaciones de placer y relax. Se ha comprobado que las emociones fuertes incrementan la excitación del sistema nervioso simpático: paraliza el tracto digestivo, dilata las pupilas y acelera las frecuencias cardíaca y respiratoria, sin que nosotros podamos evitarlo.

Gordillo advierte que cuando una persona presenta los síntomas del síndrome de corazón roto el mejor tratamiento es el reposo.

Al optar por el descanso, el corazón puede trabajar en los niveles normales. La cardióloga recalca que si este momento recibimos una mala noticia podríamos soportarla mejor si nuestro corazón fuera más sano, si no tuviéramos el colesterol elevado y si, además, nos ejercitáramos con mayor frecuencia.

El estado de ánimo deteriora nuestro organismo incluso más de lo que pensamos, porque el cuerpo y la mente están estrechamente relacionados entre sí.

Para corroborar esta afirmación, un grupo de investigadores del Centro de Salud Cardiovascular de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, determinó que las emociones afectan de manera directa a la salud del corazón.

Hombres y mujeres

Todo indica que las mujeres son más vulnerables que los hombres a sentir tristeza y ansiedad.

Al referirse a este tema, el investigador Abhirman Prasad, cardiólogo de la Clínica Mayo, comentó que esta es la única condición que predomina en las mujeres y tiene una explicación científica: el flujo de sangre a las arterias coronarias aumenta en el corazón de los hombres en situaciones de estrés, mientras que este se mantiene igual en el de las mujeres, lo que provoca que no haya suficiente aporte de sangre al corazón de ellas.

Este proceso facilita que la mujer tenga mayores problemas cardíacos, sobre todo, después de un acontecimiento o situación estresante.

Hace 6 meses, Verónica Suárez vivió una situación tan estresante que sus latidos aumentaron tanto que sus hijos decidieron llevarla al hospital para que la atendiera un médico especialista.

Recuerda que ese día no pudo asimilar la noticia de que su pareja tenía poco tiempo de vida, debido a un cáncer muy agresivo. “Aunque sabía que estaba mal desde hace algunos meses, esa noticia me impactó y creo que incluso se me subió la presión”.

Después de someterse a varios exámenes, el médico concluyó que no tenía ningún problema con su corazón y lo único que necesitaba era descansar y evitar las preocupaciones. “Cuando lo escuché, sentí que era difícil, por no decir imposible, conseguir estar tranquila, pero lo intenté”.

Se estima que la liberación de hormonas del estrés conmociona el corazón, provocando la debilidad de los músculos cardiacos.

Este problema puede ser mortal y requiere de atención médica inmediata, aunque muchas veces es un malestar temporal que no provoca un daño permanente.

Es un hecho que las malas noticias pueden afectar nuestro estado de ánimo al punto de influir en cómo percibimos la realidad. Incluso hay estudios que aseguran que los seres humanos estamos ‘programados’ para responder con más avidez a las malas noticias. Según los científicos se trata de una cuestión de supervivencia.

Nuestro sistema prefiere los estímulos negativos, pues son los que nos alertan de posibles peligros.

Pero esto también significa que nuestras percepciones suelen estar más influenciadas por las malas que por las buenas noticias: cuando nos formamos una idea de alguien, por lo general, la evaluamos dándole mayor peso a sus aspectos negativos. De la misma manera, cuando le buscamos explicaciones a las cosas que nos suceden, le dedicamos más atención a lo malo que a lo bueno.

Esta tendencia es una cuestión de evolución, según lo sostienen los biólogos. Para contrarrestar esta aparente inclinación hacia lo negativo, los psicólogos recomiendan alimentarse de buenas noticias.

De este modo, la visión del mundo será más equilibrada y, por lo tanto, más optimista.

Más vulnerables

La mayoría de las personas, por lo general, se recupera de una mala noticia o de un golpe emocional después de una semana o quizá 2, pero en casos poco usuales, cerca del 1 % de la población muere por esta condición.

Para evitar que esto ocurra, los científicos no han dejado de desarrollar estudios que permitan obtener más pistas sobre cómo actúa este síndrome. Desde hace mucho tiempo los médicos conocen este síndrome del corazón roto, el cual fue descrito por primera vez por 2 investigadores japoneses hace más de 20 años, y parecía ocurrir principalmente en mujeres.

Hay muchas situaciones que pueden conducirnos a experimentar estrés extremo y, por consiguiente, padecer el síndrome del corazón roto.

Hay evidencias de que los familiares que han perdido a un ser querido tienen mayores niveles de depresión y ansiedad, sensaciones que están asociadas con un aumento en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y una mayor tendencia a la coagulación de la sangre.

En realidad, después de la muerte de un ser querido, el riesgo de ataque al corazón es 21 veces más alto dentro de las 24 horas y aunque disminuye cada día a partir de entonces, continúa siendo elevado durante varios meses. Solo el apoyo de otros seres queridos y una medicación adecuada pueden mitigar las consecuencias después del duelo.

Viudas y viudos

Al morir un ser querido no solo se elevan las posibilidades de sufrir de depresión, sino de que las defensas del cuerpo se debiliten al punto que cualquier virus pueda atacar, con suma facilidad, el organismo humano.

Frente a este síndrome, realmente, estamos indefensos.

Los investigadores estiman que este síndrome multiplica hasta por 6 las posibilidades de morir en el primer año después de perder a un ser querido. Este fenómeno explicaría por qué muchas viudas y viudos fallecen pocos meses después de que su cónyuge haya muerto.

Hay muchas causas complejas que pueden explicar el síndrome del corazón roto, pero la producción de cortisol, una sustancia química liberada por la glándula suprarrenal, proporciona muchas respuestas al peligro que se corre después de perder a alguien cercano.

Esta sustancia es considerada una de las mayores fuentes de los problemas de salud, sobre todo, cuando una persona se enfrenta a una angustia emocional.

Una investigación publicada por el Instituto Regional del Corazón, de República Dominicana, señala que el cortisol se puede acumular hasta niveles peligrosos en la sangre, y afectar a muchas partes del cuerpo. Los autores de la investigación elaboraron incluso una lista detallada de los problemas de salud que una persona con este síndrome puede sufrir debido a los altos niveles de cortisol.

Afirman que, pocas semanas después de la pérdida de un ser querido, algunas mujeres pierden el cabello a un ritmo alarmante, pero sostienen que el problema no es tan grave debido a la rápida recuperación del cuero cabelludo.

Al mismo tiempo, se debilita el sistema inmunológico, lo que nos deja vulnerables a los resfriados, gripes, dolores de garganta y molestias en el estómago.

Esta angustia y tristeza crónica vuelven a los seres humanos más propensos a adquirir una infección viral, por ejemplo. Esa tristeza también puede provocar dolores de cabeza, al igual que mareos, náuseas y dolores musculares.

Es usual que durante el proceso de duelo, los niveles de cortisol aumenten, pero, en la mayoría de los casos, las personas duermen poco y pierden el apetito.

Debido al duelo, muchas personas abandonan o descuiden su medicación, lo cual puede poner en serio riesgo la salud, ya que sin fármacos prescritos por un médico, su condición se deteriora aún más.

Por eso, los especialistas no exageran cuando afirman que realmente se puede morir de pena.

Cada vez surgen más evidencias que confirman que estos sufrimientos quitan años de vida y que nos hacen enfermar.

Estas situaciones nos predisponen a sufrir este síndrome que altera el sistema inmunológico.

Para contrarrestar esta situación, los especialistas sugieren invertir el tiempo en actividades que quizá se habían abandonado y se inicie nuevas relaciones personales.

También recomiendan hablar del tema con otras personas, dormir y hacer ejercicio con frecuencia. La práctica de algún deporte ayuda a mejorar la sensación de bienestar. Lo peor que puede ocurrirle a una persona deprimida es consumir alcohol, ya que puede aumentar la sensación de tristeza y decaimiento.

En realidad, hay muchas maneras de ganarle la batalla al síndrome que amenaza con romper en mil pedazos nuestro corazón.

¿Qué ocurre?

- La presión arterial se eleva en las primeras semanas tras la pérdida de un ser querido. Las hormonas de estrés hacen que el corazón lata más rápido.

- El desamor o ‘mal de amores’, como también lo llaman, puede causar problemas físicos derivados del estrés y la ansiedad y graves trastornos psicológicos.

- Cuando nos enfermamos por amor, nos dejando llevar por las sensaciones negativas, que nos controlan hasta el punto de volvernos esclavos.

- Este síndrome fue descrito por primera vez en los años 90 en Japón. Hay médicos que aseguran que esta condición médica, por lo general, es transitoria.

- Este síndrome también se llamaTako-Tsubo porque así se llama una vasija, abombada y con el cuello estrecho, usada entre los pescadores nipones.

- Para entender el síndrome del corazón roto es fundamental comprender la manera en la que el cuerpo reacciona a los altos niveles de estrés.

Especialista

“Recibir una mala noticia puede desencadenar este síndrome”

Fausto Pavón Sánchez

Cardiólogo

El síndrome del corazón roto puede producir daños severos a nivel de la parte media y de la punta del corazón. Es una condición que podemos calificar de grave. Es una enfermedad que se presenta con más frecuencia en las mujeres, aunque yo diría en todos los seres humanos que están expuestos a un estrés emocional severo, sobre todo, en edades de adultos jóvenes y, por supuesto, en personas de la tercera edad. En las mujeres se ha observado que los casos son más recurrentes cuando han experimentado la menopausia.

Recibir una mala noticia podría ser un desencadenante de este síndrome que se estudió inicialmente en Japón, razón por la cual tomó el nombre de Tako-Tsubo.

Esta enfermedad presenta condiciones con iguales molestias que cuando se ha experimentado un infarto agudo del miocardio o una enfermedad coronaria aguda. Esto obliga a que el profesional médico sea sumamente perspicaz para efectuar un diagnóstico diferencial, porque al recibir al paciente que presenta esta enfermedad tiene que pensar en todas las posibilidades. En estos casos no es posible descuidar ningún detalle.

En las situaciones de emergencia se debe actuar en consonancia, es decir, de manera casi inmediata.

Ante estos casos, los médicos especialistas deben realizar una radiografía de tórax, un electrocardiograma y todos los exámenes necesarios que lleven a un diagnóstico específico. El tratamiento que debe darse al paciente es muy parecido al que se aplica a una persona que tiene una enfermedad coronaria aguda. Existen la terapia y el tratamiento médico de emergencia, pero antes de aplicarlos es necesario confirmar el diagnóstico.

El síndrome de Tako-Tsubo es una miocardiopatía reversible que mimetiza clínicamente un síndrome coronario agudo, como lo mencioné, y se encuadra en el grupo de las enfermedades conocidas como miocardiopatías de estrés. Se ha probado que recibir una mala noticia, como la inesperada muerte de un familiar, sufrir un severo disgusto, o incluso tener una fuerte discusión pueden debilitar de forma grave el corazón.

En mi carrera como médico cardiólogo sí he tratado este tipo de casos y tengo que decir que la recuperación intrahospitalaria, en la mayoría de los casos, dura de entre 3 a 4 semanas hasta 8 semanas cuando todo vuelve a la normalidad, porque esta condición, conocida como el síndrome del corazón roto, es pasajera, es temporal.

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