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Ecuador/Mié.5/May/2021

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Fausto Segovia Baus

La urgencia del largo plazo

14 de abril de 2021 00:00

Juan Carlos Tedesco –destacado consultor argentino- planteó el tema del “agotamiento” del sistema educativo, en el contexto latinoamericano, como producto de un patrón de desarrollo que no cumplió, sobre todo en la década de los setentas y comienzos de los ochentas, dos objetivos esperados del proceso de desarrollo: el crecimiento y la equidad.

Y lo que es más grave, según el citado autor, se produjo una desconexión preocupante entre los requerimientos del crecimiento económico y el desarrollo educativo: “El resultado de este proceso fue la consolidación de una oferta educativa expandida en términos de cobertura, pero con notorias debilidades desde el punto de vista de la calidad y de los mecanismos institucionales de gestión”.

Otro defecto fue, según Tedesco, el empobrecimiento de las propuestas curriculares y los criterios de evaluación de resultados, producto de una débil conexión entre la sociedad y el sistema escolar. Frente a esta situación, Robert Lucas establece una propuesta innovadora: reformar el modelo neoclásico del crecimiento económico, incorporando explícitamente la calidad y la preparación de la gente en la economía. La educación financiera es una de ellas.

Y en el ámbito del talento humano es necesario diseñar, explícitamente, “la urgencia del largo plazo”, que la mayoría de políticos tiende a olvidar porque le interesa lo inmediato y lo fractal para atender a la clientela. Además porque es indispensable mirar la educación desde la economía y la inversión; para ello se requiere crear un fondo especial –en tiempos de vacas flacas, pestes, terremotos y tsunamis- como sucede en la actualidad en Chile, y Noruega donde se planifica el largo plazo, que los expertos lo denominan pro cíclica y está conectada al sistema político que generalmente no mira en esa perspectiva.

La metáfora de la urgencia del largo plazo se expresa en modelos de planificación económica, social, cultural, ambiental y política que, a su vez, reflejan un estado de desarrollo mental, que se atribuye a familias, grupos, comunidades y corporaciones compatibles con un liderazgo cultural y organizacional enraizado en la historia. El cambio, por lo tanto, no será fácil pero sí posible, en la medida que el cambio de mentalidad supere a las actuales mediocridades instaladas en el corto placismo.