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Ecuador/Mié.5/May/2021

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Ximena Ortiz Crespo

Una sensación de seguridad

17 de abril de 2021 00:00

Me preguntan si estoy viendo las entrevistas que le hacen al Presidente electo y tengo una reacción sui géneris. Contesto que no las estoy viendo porque siento que ya no tengo que preocuparme tanto por el país. Se me quitó un peso de encima. Siento que ahora hay alguien que me representa y que actuará de la mejor forma para que todos estemos bien. Ahora a mí me toca volver a concentrarme en mi trabajo y en la vida diaria.

La verdad es que, entre levantamientos, desconocimiento del resultado de la primera vuelta, memorias de la pesadilla de octubre de 2019, pandemia, encierro, denuncias de corrupción, la vida se sentía endeble. Para muchos, esta sensación de vulnerabilidad se unió a la ansiedad de que el Ecuador estaba demasiado quebrado, demasiado dividido para que alguien pudiera repararlo. No teníamos a dónde volver los ojos. Pero ahora todo está en su puesto. Hay también una sensación de asombro. Por fin al menos la mitad de los ecuatorianos y ecuatorianas nos hemos puesto de acuerdo para elegir a un hombre decente e íntegro. Esto nos llena de alegría.

Hemos tenido que esperar que el gobierno de los últimos cuatro años termine. Lo hemos hecho con la mayor resignación, bajo la premisa de que era un régimen de transición y con el conocimiento del nivel exorbitante de corrupción de la administración de Correa. Fuera del hecho de que el propio expresidente fue incriminado, junto con sus principales colaboradores, por delitos graves, las investigaciones sobre la administración anterior arrojaron cientos de acusaciones por parte de la Fiscalía que todavía no acaban de investigarse y procesarse. Se estima entre 30.000 y 70.000 millones de dólares el dinero malversado por el régimen entre 2007 y 2017. Cuando llegó la asonada de octubre de 2019, la desprotección que experimentamos era la de contemplar a nuestro país sin Dios ni ley. Nos preguntábamos si el régimen democrático prevalecería.

Carla Montes, una militante de las juventudes de CREO de 24 años y abogada de profesión, dice que siente una oleada de optimismo. Su mayor esperanza es que pronto habrá una respuesta estatal a la pandemia con prevención y vacunación coordinadas. Le preocupa, sin embargo, que los ecuatorianos estén demasiado optimistas, en lugar de analizar cómo abordar los problemas que permitieron catorce años de un régimen ajeno a las necesidades del pueblo.

“Siento como si alguien hubiera levantado un peso de mis espaldas”, dice Montes, quien se emociona especialmente cuando oye al próximo presidente hablar de romper barreras laborales relacionadas con el género. Y añade: “Su discurso no arreglará las cosas, pero abre puertas y nos muestra que las luchas sociales han logrado calar en el pensamiento conservador”.

Mientras tanto, Paulina Merino, maestra jubilada de 64 años y partidaria de Yaku, escucha las declaraciones de Lasso y las discute con sus amigas por mensajes de texto. Si bien aprecia sus llamados a la unidad, estos no alivian su temor de que este momento marcará el comienzo de un gobierno neoliberal e hipercapitalista.

“Siento que Lasso acomodó su discurso para gustar a todos, y veo que la desunión nos ha empujado a esta situación... pero quiero verlo actuar", dice la maestra mencionada, abuela de 12 nietos, que vive en Cuenca. “Me gustaría cambiar mi opinión. Pero el Señor Lasso no va a cambiarla con palabras. Debemos esperar a ver sus acciones”.

Lo cierto es que en un país que en la práctica no tiene partidos políticos, la unión de varias fuerzas democráticas, la guía de excelentes comunicadores y el hartazgo de un pueblo lograron vencer la oferta barata y el engaño. El Ecuador ha dado un ejemplo muy importante al resto de la región en cuanto a voluntad política. Ahora requiere de unión y vigilancia para que sus sueños de igualdad y prosperidad se hagan realidad.

Debemos estar muy contentos. Es lo mejor que hemos hecho en muchísimo tiempo. Nuestra alegría no se va a empañar. En sus declaraciones el Presidente electo señala que formará un gabinete paritario y que, además, nombrará a su gobierno tomando en cuenta las diferencias sociales y regionales del Ecuador. Es un excelente comienzo.