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Ecuador/Dom.19/Sep/2021

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Mónica Mancero Acosta

Un nuevo contrato sexual

Los partidos políticos son los principales perpetradores de la violencia contra las mujeres en política.
24 de enero de 2021 00:00

Desde las civilizaciones antiguas las cosas se pusieron complicadas para las mujeres. Más cercanamente, los griegos, dicotomizaron la polis como el espacio esencialmente masculino para la política mientras el oikos constituía la esfera de lo doméstico, espacio “natural” de mujeres y esclavos.

La historia de exclusión y violencia es antigua, por eso, cuando hablamos de las distintas facetas de la violencia política de género, nos referimos apenas a un último tramo en el cual es posible la participación de las mujeres en política. Y este gran logro del siglo XX trae aparejada su correlato: hostigamiento, acoso y violencia expresada en formas sutiles como otras más descarnadas.

Los partidos políticos son, en nuestro país, los principales perpetradores de la violencia contra las mujeres en política, de acuerdo a una investigación de 2019 realizada por el Instituto de la Democracia del CNE. No son los únicos, también están los medios de comunicación; los actores estatales y sus instituciones; y la sociedad expresada ahora en redes sociales que, parafraseando a Eco, constituye la cloaca más inmunda de violencia contra las mujeres; finalmente, la propia familia de las mujeres políticas puede ser su más cercano martirio.

De palizas, y violencia descarnada nos puede hablar Lourdes Tibán, quien sufrió varios actos violentos en su vida política. Hostigamiento en redes sociales, a tal punto de levantar una denuncia en Fiscalía, lo sabe Chechi Alvarado, candidata a prefecta del Azuay. Las mujeres que se divorcian porque sus parejas no terminan de aceptar su rol político, pero también aquellas que son presionadas a renunciar para que el suplente varón tome el cargo, son ejemplos de esta violencia simbólica. Otros actos más sutiles como el tipo de trato que reciben, el ocultamiento de información, los escasos recursos o ninguno que se los asigna. Una forma pública que todo el país pudo presenciar, y por ello más vergonzosa, fue la que sufrió Paola Pabón y su grupo cuando en el debate de la despenalización del aborto se las sancionó dentro de su partido, movidos por su líder Correa.

La violencia política contra las mujeres se encuentra contemplada en la Ley para prevenir la violencia contra las mujeres, y está tipificada como una infracción electoral en el Código de la Democracia. Sin embargo, es importante la prevención generando espacios para observar estas conductas, sensibilizar a las propias mujeres y a los partidos políticos, para la denuncia y la ruptura del silencio.

Sin mujeres en política no podemos hablar de una auténtica democracia, no solo porque somos la mitad de la población sino porque contribuimos al sostenimiento de la vida. Carol Pateman nos dice que el contrato social, es decir el pacto que establece la libertad civil es una historia de libertad, mientras que el contrato sexual es una historia de sujeción, de la dominación de los varones. Hoy requerimos un nuevo pacto, un nuevo contrato social y sexual por el cual las mujeres equiparemos roles y funciones tanto en el ámbito público como en el privado. (O) 

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