Un jirón de historia

24 de abril de 2011 - 00:00

Debió escribirse “Girón”, pero la gramática jamás perdona aquello que la política justifica. Yo era escolar y el mundo de los mayores tenía el misterio de las cosas vividas, ellos estaban en la edad en que se saben todas las respuestas. La historia “en pleno desarrollo” me alcanzó en octubre de 1962, los mayores hablaban de una guerra atómica entre rusos y gringos por Cuba. La isla era el caimán barbudo que había roto el letargo de la fatalidad política latinoamericana. En la sala amplia de una casa inmensa, el bien más preciado de la familia era un radio Philco, de carcasa de madera y grandes perillas, sobreviviente del terremoto de 1958. En ese aparato, el vecindario escuchaba la Voz de las Américas (VOA), de EE.UU., para oír el comienzo de los disparos de la cohetería letal.

A mis manos llegó una revista Life en donde se veía el despliegue de la flota estadounidense en el Caribe y más allá los cargueros soviéticos con la bandera “llena de herramientas”. Los urracas (los liberales de la tierra morena) eran anticomunistas de “mentada de madre” y las activas células de la izquierda pintaban las paredes con vivas a Fidel.
Aquellos acontecimientos parecían ocurrir a la vuelta de la esquina: los revolucionarios andaban ocupados “haciendo la revolución”, la Guerra Fría era el pretexto para golpes de Estado en donde fuese necesario, masacres incluidas, la visión de “república bananera” no parecía avergonzar a los gobernantes de esos años, la Alianza para el Progreso a los niños de mi generación los empachaba con leche en polvo, en la pared de la iglesia principal de mi ciudad estaba la lista de las revistas que no se debían leer, el primer batallón de tropas especiales (Los Tigres) se instaló en Esmeraldas, se sospechaba que los barbudos ecuatorianos saldrían de algún bosque esmeraldeño. El comandante Jorge Chiriboga ya desalambraba, aunque la canción todavía no estaba de moda en los mítines de la izquierda. No fue el riesgo cierto de los misiles de octubre de 1962, sino la rápida derrota contrarrevolucionaria de Playa Girón (Bahía de Cochinos), en abril de 1961, lo que dejó el saldo de admiración al pueblo cubano.

No recuerdo cuándo el radio Philco dejó de ser utilizado, ya no se encontraban los tubos incandescentes de repuesto, pero para ese día ya me había permitido escuchar las voces de ese otro mundo “castrista” contando su verdad y  entendí mejor eso que llaman “proceso revolucionario”.