La tímida reacción de la izquierda

- 07 de noviembre de 2018 - 00:00

En Estados Unidos las elecciones parlamentarias suelen ser una expresión crítica sobre el presidente, por lo cual el partido de la oposición casi siempre recupera el terreno perdido en las elecciones anteriores. Pero, debido al hecho de que los representantes y los senadores sirvan períodos diferentes (dos años unos, seis los otros), rara vez los cambios son masivos, ya que nunca es todo o nada, como puede serlo en elecciones presidenciales.

Este año se espera que los demócratas recuperen la cámara baja y los republicanos mantengan el control de la cámara de senadores, más allá de que pierdan votos. La verdadera sorpresa sería que los demócratas recuperen el control de la cámara alta.

Estas elecciones dejarán claro cierto hastío de un creciente número de estadounidenses, sobre todo jóvenes, hacia las políticas y la nueva cultura literaria del presidente Trump, algo que ya había comenzado muchos años antes con las movilizaciones del Tea Party.

Entre las políticas y los temas sociales que han comenzado a movilizar sectores anti-Trump está todo lo relacionado a las minorías y a la lógica misma del tejido social. Desde los movimientos de mujeres (feministas o no) hasta el resurgimiento del racismo abierto contra los negros y, especialmente contra los inmigrantes pobres, no europeos, pasando por la tendencia mundial a la violencia religiosa.

Los frecuentes atentados motivados por el odio tribal, como la más reciente matanza en la sinagoga de Pittsburgh, están basados en las prototeorías de nacionalistas blancos y neonazis que consideran que los judíos están ayudando a los pobres de Honduras a invadir este país para continuar el “extermino blanco”.

La idea de un “white genocide” (genocidio blanco) lleva a lunáticos, como el asesino Robert Bowers, a realizar su propio exterminio. Así, se produce la aparente (y solo aparente) paradoja de que Trump y su base evangélica es radicalmente pro-Israel al tiempo que es antisemita, antijudía. Desde ese mismo punto de vista narrativo, los republicanos tienen a favor una economía que, en sus números macros (PIB, desempleo, etc.), está en su mejor momento de los últimos 50 años.

Estas elecciones significarán un leve, tímido, giro de Estados Unidos hacia los de abajo. Deberemos analizar si  2020 será un año de ruptura o, apenas, un capítulo en un proceso mayor. (O)