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Ecuador/Vie.4/Dic/2020

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31 de octubre 00:00

Una mañana en el páramo de Cotopaxi vi a una niñita indígena que cargaba a sus espaldas, a la manera tradicional, una guagua de pan. Me quedé asombrada de ver que la tenía como un juguete. Entonces me di cuenta de que la guagua de pan debía tener muchos más significados que aquella de comprarla en la panadería del barrio y comerla rellena y repleta de adornos de azúcar en esta época del año.

Explicando en una clase a jóvenes norteamericanos la tradición de las guaguas y la colada morada les decía que las guaguas son muñecas de pan en forma de bebé envuelto a la manera tradicional, hechas de harina de trigo que se consumen en época de difuntos, acompañando a una bebida aromática que llamamos “colada morada” hecha de maíz, frutas -especialmente las rojas- y especias. Son elaboradas en familia y se intercambian entre grupos familiares y amigos. En los cementerios de zonas rurales y en comunidades indígenas, se acostumbra utilizarlas como ofrendas en  un rito ancestral de reencuentro con los antepasados.

Si nos ponemos a averiguar más, las guaguas de pan son parte de ritos ancestrales en toda la zona andina, desde el sur del Colombia al norte de Argentina. Se hornean y consumen junto a la colada morada principalmente el  2 de noviembre en conmemoración de los fieles difuntos, pero también son parte de los ritos del calendario agrícola, de carnavales o de Navidad como elemento simbólico para establecer alianzas y compromisos sociales.

En el Perú, durante el día de Todos los Santos o en el día de los Difuntos la tradición de algunos lugares dicta instalar altares caseros o mesas de difuntos,  con las “tantawawas” como les llaman allá.  Interesamente,  al mismo tiempo,  con la masa se elaboran  escaleras y figuras de caballos o llamas que sirven para ayudar a que el alma de los difuntos pueda subir o cruzar ríos y charcos para alcanzar el cielo. Las guaguas se regalan a parientes, sobretodo a niños, a ahijados y a compadres, lo que fortalece las relaciones de reciprocidad.

En Pasto, Colombia, en las fiestas de San Pedro y San Pablo, se elaboran también “castillos de guaguas de pan” que son estructuras en forma de altares.  Por otro lado, en Sucre, en el altiplano austral de Bolivia,  las guaguas son parte de la tradición de establecer relaciones de compadrazgo durante el Carnaval y se acostumbra bautizarlas.  En Azuay, en el Ecuador son elementos rituales de Navidad como parte del “pase del niño” o de los pesebres o nacimientos.

En muchas culturas, los ritos relacionados con el culto a los difuntos tiene que ver con apoyar al alma de los seres queridos en su paso y permanencia en el más allá.  Al mismo tiempo son un mecanismo de consuelo para los deudos.  Vemos por ejemplo,  que  en Inglaterra,  las familias solían utilizar representaciones físicas en el caso de un niño que había fallecido.   Esto sucedía a principios del siglo XX, durante la "era victoriana, cuando  se hizo costumbre encargar una "muñeca de duelo" confeccionada en cera y vestida con la ropa del pequeño para  colocarla en su tumba.

En la tribus indígenas Ojibwa de Canadá era costumbre crear una pequeña muñeca con el cabello de un niño que había muerto a la que llamaban "muñeca de la tristeza". La madre del niño fallecido llevaba consigo el muñeco durante un año para facilitar la transición del alma del niño del cuerpo al muñeco.

Las muñecas katsinas de los indigenas Hopi, esculpidas en madera, representan  espíritus de deidades, elementos naturales o animales, o los antepasados fallecidos y sirven para educar a las niñas mujeres. 

Según las teorías antropológicas, los seres humanos inventan rituales funerarios o festivos con diferentes propósitos. Como hemos visto en las costumbres aquí referidas, el significado de estas,  en las que se utilizan alimentos coloridos  y de formas específicas,   es mantener la memoria y acercarse a vivos o difuntos a través del uso de símbolos. El ritual tiene un papel comunicativo. Hay un propósito, una función y un significado espiritual o social detrás de la acción ritual.   

Aún no he conseguido saber porqué la niña del páramo cargaba su guagua, pero puedo imaginarme que su madrina se la regaló. En las sociedades humanas, las costumbres  tienen implicaciones para las relaciones y la estructura social. Se convierten en vehículos de comunicación y de reforzamiento del tejido social.  Son nuestro patrimonio material e inmaterial.  Tanto que hoy, comer guaguas de pan y colada morada hechas en familia nos acerca y nos conforta. (O)