Reparación urgente a Remberto Escobar

- 27 de diciembre de 2017 - 00:00

La etiqueta de esta jam-session  es una demanda. Es misión de la raíz involucrar en la memoria colectiva de la afroecuatorianidad a toda niñez, como ejercicio de autorreparación casa adentro y casa afuera. Perpetuar la injusticia, al revés del reclamo de este Decenio de la Afrodescendencia, será realidad con el olvido de quienes sembraron vida comunitaria sin más epistemología que su virtud de nación. Remberto Escobar Quiñónez es uno de los muchos, hombres y mujeres, a los cuales estamos obligados a autorreparar. Falleció hace casi 20 años y fue uno de los guardianes de la tradición.

Las notas periodísticas dicen que nació en 1911, el 2 de febrero, aunque don Rember contó al maestro Juan García que “cuando él tenía seis años de nacido empezó la guerra de Concha”, Guardianes de la tradición, compilador Juan García, p. 22, Génesis ediciones, 2002.

Su ombligo enterrado en Punta de Piedra, cantón Eloy Alfaro, sus huesos benditos están en la ciudad de Esmeraldas. Él dijo que era Escobar por parte de partera y el Quiñónez fue herencia apelativa de su madre. “Ella me enseñó todo lo que sé sobre la tradición y la cultura de los negros y ella fue la que me hizo un negro esmeraldeño”, Óp. cit., p. 19. Su madre, nacida costa abajo (Colombia), se quedó a vivir en Borbón, es decir, costa arriba (Esmeraldas). Eran otros y mejores tiempos, nadie se preocupaba si era colombiano o ecuatoriano, sino que la gente cruzaba la raya a buscando su Madre de Dios.

Cuando don Rember comenta sobre aquella enseñanza materna “para ser un negro esmeraldeño” es lo que el Abuelo Zenón recomendaba: “El mandato de sembrar cada uno d e los espacios del territorio con la cultura de origen […] nos permitió volver a ser, donde no habíamos sido”, Pensar sembrando/Sembrar pensando, Juan García y Catherine Walsh, p. 247. “Si el Gobierno, y no me da lo que deseo, me altivo y me le alceo, por Dios, me le voy encima”. Haremos realidad su deseo de justicia, don Rember. (O)