Radicalismo negro en Ecuador

- 30 de marzo de 2016 - 00:00

Ese ánimo raizal estuvo ahí y aún está, pero a la manera ecuatoriana. El radicalismo negro en Ecuador a veces respondió comunitariamente a la violencia opresora y en otras fueron pequeños grupos o individuos, mujeres u hombres, que hicieron la huida hacia la profundidad de la sociedad mayor dominante; a veces vencieron y en otras el horizonte apenas fue una línea difusa.

La historicidad o ese proceso popular dinámico de pasos agigantados, aunque sean de personas solitarias es interpretado con las razones punitorias de la historiografía del hegemonismo político blanco. A diferencia de Estados Unidos, en donde el radicalismo fue rupturista definitivo: sustitución del apellido (herencia de la esclavización) por una ‘X’ o el cambio total de la nominación familiar, la idea de una nación negra o las andaduras hacia una sociedad no capitalista porque el racismo es su ideología fundamental.

1553 podría ser el año arbitrario del comienzo de este radicalismo en este territorio que hoy es la República de Ecuador, por Antón y Alonso de Illescas, el logro de alianzas con los pueblos indígenas y la resistencia militar y diplomática triunfales, desafiando inmensas adversidades, entre ellas la soledad de las contiendas. El resultado exitoso fue la autonomía política y territorial. Antes del 5 de agosto de 1820, la resistencia anticolonialista fue, unas veces negociada y otras armadas, por el tema de los reales de minas del norte de Esmeraldas.

Las autoridades colonialistas españolas enviaron a Andrés de Castro como ‘pacificador’, sin embargo la marea independentista bolivariana era indetenible. De 1913 a 1916, ocurrió la revolución negra, en la geografía provincial, contra la esclavización no reconocida por el Estado, pero aceptada en los hechos como concertaje.

El hegemonismo historiográfico blanco se desquita negando esta verdad evidente y ha creado un panteón de próceres defensores estrictos de sus propios asuntos. Los manifiestos para justificar sus sucesivos alzamientos se ocupan de la ‘Patria’, del mal Gobierno y de su naturaleza legal, pero jamás de la negritud.

El radicalismo negro se volteó hacia las ideas socialistas, aquellos que no murieron en las guerrillas cimarronas esmeraldeñas perecieron en el anonimato, en las calles de Guayaquil, durante las protestas del 15 de noviembre de 1922. Ese radicalismo se expresó en el sindicalismo de izquierda (César Quintero, Atahualpa Quiñónez, Pedro Caicedo, Ernesto Estupiñán) porque se creía que el racismo es solo una actitud humana y no el ‘organizador de la economía política’; que el tema es de clase social y que la inexistencia biológica de razas humanas convertía la discriminación en un tema de leyes o de discurso. Hoy sabemos que el racismo es consustancial con el capitalismo y es la elaboración ideológica muy bien refinada para mantener la dominación de unos grupos humanos sobre otros, en esos otros se incluye la africanidad americana. (O)

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