Quito de los toros

- 09 de diciembre de 2019 - 00:00

Cada que empezaba diciembre, la Mitad del Mundo se desplazaba varios kilómetros al sur. Y desde allí, cerca al antiguo aeropuerto, latía Quito sus fiestas. La Feria Jesús del Gran Poder era al mismo tiempo la orquesta y la canción, y los quiteños aún no han sabido encontrar consuelo en una gala más mansa.

No disfruto las corridas de toros. La primera vez que fui a una, estaba seguro que El Juli iba a dejar su cuerpo inerte en la arena. Creía que sería testigo de un acto suicida. Claramente, tanto el toro como yo fuimos burlados por la técnica; más de uno diría que nos engañó el arte.

Pero llegó 2011 y el revés para la tauromaquia fue brutal. ¿Cómo es posible que en una ciudad donde la lidia tiene tantos años de historia haya ganado la tesis animalista? No es ningún secreto que se politizó el debate y que brotaron repentinamente opositores radicales. Pero una vez que se contaron los votos había que levantarse de la caída.

Así como no soy fanático de los toros, tampoco soy hincha de las prohibiciones ajenas al bien individual o común. Los que creemos en la libertad a veces renegamos un poco de la democracia, por eso no cuenten con los políticos porque ellos se deben a las mayorías. La salida aquí está en manos del mercado y de la voluntad de los aficionados.

¿Hasta cuándo piensa Quito celebrarse en Latacunga? El cantón Mejía, donde ganó el No, está más cerca y tiene mucha tradición taurina. Entiendo que se trata de la fundación española de la ciudad, pero ¿no se podía acomodar un cartel con estilo portugués? ¿Hay espacio para puntos de encuentro? Indudablemente se debe respetar la ley y la voluntad popular, pero guste o no el encierro es una tradición cultural quiteña y, como tal, debe ser preservada. El municipio debería asumir ese rol de guardián de la quiteñidad.

En Guayaquil se normó la quema de los Años Viejos para no dañar las calles, se vetó cierto tipo de explosivos para minimizar accidentes y se emprendieron campañas educativas. A pesar de todo hay voces que insisten que el 31 de diciembre se debe celebrar sin pólvora. Lo que evita choques es el uso de semáforos, no la prohibición para circular. Es triste cuando una tendencia da la estocada final a una tradición. (O)

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