Un PSC a la medida de Moreno

- 18 de enero de 2019 - 00:00

Los tiempos cíclicos de la política ecuatoriana nos traen en esta etapa el resurgimiento del Partido Social Cristiano ambicionando tomar posesión de los espacios que el correísmo mantuvo a lo largo de una década. Pero, a diferencia del totalitarismo pasado, el cual surgió –nos agrade o desagrade- a pulso propio alrededor de una figura acorde a sus fines, en esta ocasión, las ambiciones de los socialcristianos, se materializarán en la medida que el presidente Lenín Moreno se los permita.

Es así que Moreno, para seguir fortaleciendo a los socialcristianos, en caso de realmente quererlo, debería mantenerse como se ha venido presentando: electoralmente de espaldas a quienes decidieron quedarse junto a él y no salieron detrás de Correa o de cualquier otro.

En ese sentido resulta revelador lo denunciado el pasado diciembre en Azuay con la salida del entonces director provincial del CNE. Según se infiere en este y otros casos similares, el PSC se habría hecho de la línea telefónica directa que poseía Rafael Correa con las autoridades electorales de turno. Imponiendo ahora ellos su voluntad e intereses sobre todos los demás.

El presidente debería detenerse un momento a valorar su inacción sobre lo expuesto. Una cosa es que lo califiquen de traidor la gavilla que asaltó el país, otra sería, que terminen calificándolo de igual manera quienes se quedaron junto a él en su movimiento político.

Aquel calificativo terminaría por volverse criterio común y creo que cualquier persona, en su sano juicio, jamás desearía cargar con eso. Pero sobre todo, vale manifestar, desde la ciudadanía nunca pedimos un simple cambio de nombre en el mandamás de turno, ni peor volver al estilo del PSC de los 80’s.

Aquel tiempo donde a la política se la veía como un simple asunto de herencia de padre a hijo, asegurándose dignidades con triquiñuelas legales y cooptando las delegaciones electorales a las buenas o a las malas. Más de la mitad de los ecuatorianos queríamos y aplaudimos el fin del totalitarismo, pero no para volver a lo que lo produjo. (O)

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