Problemas mundiales, bipolarismo, unipolarismo y multipolarismo (1)

26 de enero de 2013 - 00:00

A principios del siglo XXI se considera que los dos problemas fundamentales de la humanidad son el consumismo y la pobreza que afecta a sectores importantes del planeta.

El consumismo, a través de la propaganda, es un instrumento de manipulación de la conciencia, utilizado por pequeñas, medianas y, en especial, las grandes multinacionales, para crear falsas necesidades de adquirir productos que no son necesarios.

Propicia el reemplazo de bienes, objetos y artefactos cuando todavía son útiles. Presiona y obliga a las personas a adquirir más y más productos, para reemplazar los que ya tienen, aunque no se los utilice al máximo. Todo ello unido a una desvalorización de las cualidades internas de las personas. Se les hace creer que se es más importante en la medida que más bienes se posee, y que en esa forma se puede lograr mayor bienestar y felicidad.

El desenfreno del consumismo presiona cada día sobre los recursos naturales del planeta produciendo un desequilibrio ambiental del que globalmente ya existe conciencia en gran parte de la humanidad al saber que, si se continúa la explotación salvaje e irracional de los recursos naturales, no existe un porvenir a mediano plazo de supervivencia de vida en el planeta. Frente al consumismo los seres humanos deben descubrir que no es el tener más dinero, objetos o bienes que los hace más importantes y los conduce a la felicidad. Hay que aprender, como decía León Tolstói: “Mi felicidad consiste en que sé valorar más lo que tengo que desear exageradamente lo que tienen los demás”. Existe la necesidad de aprender a vivir con sencillez: sin comida chatarra, sin derroche, sin despreciar los recursos naturales que son perecibles, y no contribuyendo a la destrucción ambiental del planeta.

El consumo de las drogas, que es la raíz del narcotráfico, es parte del consumismo en general, que se alimenta en el vacío interior de las personas, que al no encontrar un sentido a la vida y ser dominadas por los deseos y las frustraciones se llenan falsa y artificialmente por las drogas, las bebidas alcohólicas y el cigarrillo. Mientras no haya un conocimiento de sí mismo, no se sepa de dónde se viene ni quién se es, no podremos saber lo que queremos ser. Esto implica un reconocimiento de los valores que tienen las personas, pueblos y culturas.

Quienes tienen conciencia de sus valores y sus identidades son los más preparados para enfrentar las incertidumbres y las falsas necesidades empujadas por el consumismo.