Política y mercado de palabras

- 04 de octubre de 2018 - 00:00

Cuando me enteré cómo funcionaba el mercado de palabras, quedé alucinada. Muchos fenómenos inusitados siempre parecen tener respuesta en antecedentes históricos, pero para este no encontré ninguno, a no ser el hecho de que hace ya muchos siglos se tramó la relación entre el uso persuasivo del idioma, la publicidad y la propaganda.

La existencia de un shopping donde se venden palabras desborda mi imaginación, puesto que significa que el mercado ha llegado a poner precio a la circulación de ideas, batiendo todo el principio original y cacareado de la libertad de expresión. En este punto, ustedes se preguntarán: ¿y esta articulista, de qué está hablando?

Hace pocas semanas, unos jóvenes me comentaron que su trabajo consistía en lograr el posicionamiento de sitios web. Cuestioné entonces cómo entre miles o millones de sitios en internet, solo algunos logran aparecer inmediatamente, cuando alguien realiza una búsqueda de información. Por supuesto, concluí que un buscador identificaba libremente los datos requeridos por la gente, de acuerdo a la cantidad de clics. Estaba equivocada, puesto que en realidad el posicionamiento se logra comprando “palabras clave” a los más famosos motores de búsqueda, para que las coloque como primera alternativa, cuando alguien las digitaliza.

Para entender este fenómeno, sirve como analogía el ejemplo de los carros, cuyos dueños deben pagar el peaje para circular por carreteras. Es casi lo mismo, puesto que el interesado en difundir contenidos, comerciales, sociales o políticos, generalmente termina pagando por la circulación más rápida y preferente. Por ello, ciertas palabras clave entran a una especie de puja o subasta y aumentan su precio en determinados espacios locales, nacionales o regionales, puesto que los motores se planifican para responder a segmentos sociales.

El conocimiento del mercado de palabras me produjo vértigo cuando descubrí que además la estructura misma del lenguaje está siendo impactada, debido a que las adwords son en realidad oraciones reducidas, lo que significa que no solo Twitter está revolucionando el idioma, sino otras herramientas tecnológicas movidas por el mercado.

Saben qué palabra comenzará a subir de precio para el segmento Ecuador: les diré una, la palabra “prefecto”, quizás otra sea “alcalde”. Vea usted cómo se unen el mercado, la política, la democracia y la libertad de expresión. ¡Ojo!, no es alucinación. (O)