Plurinacional y popular, somos

- 08 de noviembre de 2018 - 00:00

Memoria, Verdad y Justicia son pilares levantados por los organismos de derechos humanos en Argentina, luego de la larga noche de la dictadura militar de los 70. La memoria colectiva argentina no puede seguir siendo selectiva. Debe ser una memoria construida con lxs sobrevivientes del anterior genocidio: el genocidio mapuche.

La Campaña al Desierto no sucedió por un pensamiento racista, sino que tuvo un fin instrumental: apropiación del territorio mapuche en manos de milicos y de las mismas familias que hoy nos gobiernan: los Bullrich, los Peña Brown, etc.

La transformación del Estado colonial a un Estado plurinacional se hace reconociendo la condición de sujetos políticos a los pueblos originarios. La memoria larga la portan nuestras abuelas y la memoria corta, nuestras madres. Debatamos si alcanza el paradigma de los derechos humanos surgido en el norte o propongamos un paradigma biocéntrico para jaquear al antropocentrismo.

Puede o no gustar la metodología de Pu Lofen Resistencia Cushamen. Pero reducir la diversidad al interior de la nación mapuche a una sola comunidad es, mínimo, miope. Inferir ese modus operandi a la totalidad de nuestro pueblo habla del profundo desconocimiento que porta la argentinidad sobre nosotros.

Mal que le pese a quien le pese, la nación mapuche en Argentina la componemos más de 700.000 personas distribuidas en 7 provincias. Somos 24 comunidades mapuches en provincia de Buenos Aires, más de 120 en Río Negro, más de 58 en Newken, más de 200 en Chubut, más de 20 en La Pampa, más de 15 en Mendoza.

La simetría de poder entre mapuches y argentinos se ve y se percibe en el acto. El “campo nacional y popular” podría empezar a achicar la brecha de la asimetría existente con hechos y gestos que potencien memorias otras, epistemes otras. Uno, no menor, es pasar a nombrarse a sí mismo: plurinacional y popular. No en lógica de juntarnos con el “indio amigo”. De eso se ocupa el macrismo (lo sabemos bien nosotros, en Los Toldos), que ya eligió configurar al pueblo mapuche como el enemigo interno.

El riesgo de que la oposición política no tenga la sensibilidad de captar o no lea la heterogeneidad de las identidades políticas nuevas es que produzca la expoliación o genere una fuerza centrífuga de las propias hacia opciones electorales funcionales al capitalismo. Todo en nombre de: “Este no es el momento”. Reproduciendo al fin la asimetría de poder. (O)

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