¿Por qué Martín D’Amico?

- 08 de diciembre de 2018 - 00:00

Antes de comenzar con la pregunta que dispara el título de esta nota, vamos a plantear otra pregunta, igual de importante y necesaria: ¿quién es Martín D’Amico? Brevemente. Es el pseudónimo de Martín Licata, joven periodista y estudiante de filosofía argentino, nacido en Buenos Aires en 1991.

Martín tomó este pseudónimo desde hace unos años cuando comenzó su labor periodística en medios independientes y expresar su mirada desde ese lugar, muy común en la tradición intelectual, imaginando, además, que era una forma de resguardar su identidad frente a lo que podría venirse: la muerte. Que, en efecto, fue lo que terminó ocurriendo.

En su mente, como en la de muchos que hemos leído 1984, de George Orwell, ha calado hondo la frase que el periodista británico vierte en esa notable distopía novelada: “El que controla el pasado (…), controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado” (George Orwell, 1984, Debolsillo, Barcelona, 2013, p. 41).

En algunos de sus posteos en Facebook, que tuvieron gran repercusión luego de conocerse su muerte, D’Amico sostiene que las ideologías, como el progresismo y la derecha, están controladas por quienes dominan la dialéctica. Se corrió del binomio progresismo-derecha, y en vez de pesar desde este antagonismo, reflexiona que hay sectores del poder global que se benefician con esta disputa, dejando claro que la contienda política está arreglada, como si se tratara de un partido de fútbol.

Martín D’Amico desapareció de su casa a las 09:00 del 17 de noviembre; cinco días después fue hallado muerto. Recibió amenazas a través de su red social y fue abordado hace unos meses por personas de civil. Su cuerpo apareció con signos de ahorcamiento y una cicatriz en el abdomen, según pericias de la unidad criminalística porteña.

D’Amico tuvo la misma misión -como estoy convencido que la tenemos todos los que nos dedicamos al “violento oficio de escribir”- que nuestro compatriota y maestro Rodolfo Walsh: “Romper el aislamiento; derrotar al terror”, que se basa, como bien sostiene Walsh, “en la incomunicación”.

Hoy, la incomunicación se fundamenta en el exceso de información y en cómo se orienta esa información. Así vivió Martín. Intentaremos recordarlo de este modo: desde el compromiso político. Que es el único y más genuino camino que debe seguir un intelectual. Lo demás es anécdota. (O)