¿Por qué "futbolean" los futbolistas? (II)

- 05 de diciembre de 2018 - 00:00

No se sabe qué decepción o irritación atrasada se dibuja con esta frase: “el fútbol se juega como se vive”. Francisco Maturana fue el autor y aún sostiene este acertijo sin importar las filosofadas en contra. A este jazzman le suena a epitafio anticipado, por alguna juventud afroecuatoriana que, entendiendo o no las matemáticas de la vida, cree que es una anti ecuación. Y cuando viene a ver, las certezas son devastadoras. El fútbol, de este lado antropológico y social, es cosa de esa humanidad gambeteadora de adversidades, recorredora de oportunidades y goleadora al anonimato. Del Sinaí de tribunas y esquinas baja incondicional, hasta cierto punto, el cariño popular.  

Hace un mes se entregó el Galardón “Juan García” a diferentes personalidades afroecuatorianas, antes, algunos hermanos pidieron mi humilde opinión sobre los deportistas a ser homenajeados, con el respeto del caso, aprobé el nombre del futbolista Frickson Erazo Vivero. ¿Saben por qué? Frickson demuestra un pensamiento combativo trasladado a la competencia dentro y fuera del engramado. Es ese cimarronismo mental para vivir con elegancia triunfos y derrotas. Eso define qué es futbolear. Un verbo recargado de historia humana y también explica el impacto anímico de este deporte, que después de la política es el que más consume más conversaciones. Actividad esencial con picos altísimos, allá se descubre el mapa infinito de la satisfacción y picos bajísimos, para beber el pésimo coctel de rabia y tristeza.

Después mirar cientos de partidos de fútbol con los ojos del futbolista que pude ser y no fui, porque hay axês irremediables sin los cuales uno deja de ser “capitán de su destino” (Nelson Mandela, dixit), no tengo dudas ese deporte es fusión de blues y agua larga. Es decir, miles de songs of labour con voces gestuales y coreográficas a resguardo en las capillas idolátricas del barrio. Por acá, por Esmeraldas, nos pasamos las estampitas del Amenaza Verde o del Esmeraldas Petrolero. (O)