Mariel Padilla y el periodismo

- 03 de diciembre de 2018 - 00:00

Mariel Padilla obtuvo su licenciatura en inglés en una pequeña universidad de Ohio, EE.UU. Antes de graduarse tomó una clase opcional de periodismo y se enamoró del oficio. Luego fue aceptada como pasante en el Cincinnati Enquirer, un pequeño diario con un equipo editorial de algo más de 50 personas.

Un año después, Padilla seguía una maestría en periodismo en la respetada Universidad de Columbia. Un día recibió un mensaje de texto de un amigo en el que la alertaba de que el Cincinnati Enquirer había ganado un premio Pulitzer en la categoría de mejor reportaje local. El premio Pulitzer es el mayor reconocimiento periodístico en EE.UU. y uno de los más prestigiosos del mundo.

Estupefacta en su silla, sin atender a la clase, pero tampoco sin interrumpir, la estudiante leía en silencio una avalancha de mensajes. La incredulidad se evaporó cuando su antiguo editor le escribió: “Felicitaciones. Has ganado un Pulitzer”. El pequeño diario publicó una serie sobre la epidemia de consumo de heroína en la ciudad. Su jefe le asignó que documente todos los informes policiales durante una semana, para ver en cuantos se mencionaba la venta o el consumo de heroína. Fue un trabajo de periodismo de datos que sirvió de insumo para que otros colegas identifiquen historias y casos puntuales. Los reportajes activaron un debate nacional sobre la heroína y los opioides y los grandes medios se hicieron eco.

Padilla, premiada junto a sus compañeros del diario, es a los 23 años la persona más joven en ser honrada con un Pulitzer. Cuando termine su programa de maestría se unirá a The Trace, una organización noticiosa sin fines de lucro para investigar sobre la violencia con armas de fuego.

Si Padilla viviera en Ecuador de hoy quizás le hubieran cerrado las puertas del periódico universitario por ser estudiante de inglés.

Y el Cincinnati Enquirer quizás no la habría recibido como pasante porque su título no era afín. Los talibanes de la titulación periodística hubieran hecho que el Enquirer pierda los puntos por alinear a una “no periodista”.

La preparación profesional es indispensable y urgente. Pero la titulación es un medio, no un fin en sí mismo. En la era del periodismo ciudadano es claro que el reporterismo es cada vez más amplio y diverso. La reputación de un periodista no se basa en un título sino en dos elementos cada vez más escasos: la rigurosidad y la integridad. Lo demás es un típico caso de confusión entre la causa y la consecuencia. (O)

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