Manual para que se vayan todos

- 07 de marzo de 2018 - 00:00

Comience por adoptar una posición moralmente superior al promedio de la política nacional. Usted está por encima de esa podredumbre llamada “partidocracia” o “levantamanos” o “borregos” o “pelucones”.

Usted verá qué le conviene. No es necesario no haber pertenecido al grupo al cual descalifica. Total, nuestra memoria política es vaga, cuando no inexistente. Además, el ciudadano medio es incapaz de suponer esos niveles de caraduría. De paso, utilice palabras políticamente cargadas pero substancialmente vacías: traidor, corrupto, intachable, honorable. No importa el contexto, usted solo asegúrese de que asomen.

Cuando aparezcan los primeros indicios de tráfico de influencias, de evasión de impuestos, de deudas al SRI, de sobornos, de contratos públicos asignados a sus benefactores políticos, de conspiraciones con su compadre lindo, niéguelo todo. Diga que el video no demuestra nada, indique que esa no es su voz en el audio, asegure que esos documentos son falsos. Usted no conoce a nadie, usted nunca se ha reunido con nadie, usted no sabía nada.

Agréguele a su léxico: persecución política, fariseos, honra, linchamiento mediático. Oféndase. Piense en su familia. Niegue a su familia si es necesario. Amenace con acudir a instancias legales. Llegará el momento en que las pruebas se acumulen y tendrá que ponerle matices a sus declaraciones. Esto es, más que nada, un arte. Usted sí conocía, pero no se acordaba. Usted sí estuvo, pero no hizo nada. Usted sí sabía, sí avisó (porque usted es honrado, no como el resto), y aquí esta el documento para probarlo. Dígale al país que las pruebas están fuera de contexto.

Recuérdenos, ahora sí, de la importancia del debido proceso y déjelo todo en manos de la justicia. Si le preguntan en los medios, responda cualquier cosa menos lo que le preguntan. Ni se le ocurra renunciar. Ni que fuera pendejo.

Opcional: váyase de viaje. De matrimonio. De graduación. Solo váyase.  Si ve que nadie se está tragando el cuento, es el momento de apostarlo todo. Coja todo el excremento que ha acumulado en sus cinco, diez, veinte años de político y con cuidado láncelos sobre el ventilador, asegurándose que salpique a todo el mundo. Usted sigue siendo inocente, un perseguido político, una víctima de los poderes, de la oposición, del gobierno, del fiscal, del contralor, de la Asamblea, de la prensa. Y si se ha equivocado recuerde que más se equivocó/robó/sobornó/fue sobornado [inserte lista de otros políticos, excompañeros de bancada, amigos de autoridades públicas, familiares de ministros, etc.].

Terminado todo, todavía tiene un 50% de probabilidad de no ir a la cárcel.

Repita el libreto. En diez escuchará de nuevo: ¡que se vayan todos! (O

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