Los últimos intelectuales

- 05 de junio de 2018 - 00:00

Con la muerte del peruano Aníbal Quijano, la principal generación de intelectuales del pensamiento crítico sufre una sensible pérdida. Con el mexicano Pablo González Casanova, el brasileño Ruy Mauro Marini, el argentino Aldo Ferrer, el chileno Tomás Moulian, el guatemalteco Edelberto Torres-Rivas, el colombiano Orlando Fals Borda, el cubano Fernando Martínez Heredia, entre tantos otros, esta es una generación que ha poblado el pensamiento social latinoamericano con obras seminales para el continente, especialmente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Recientemente, Pablo González Casanova llamaba la atención sobre lo que él tildó como “el autismo de la intelectualidad”, como forma de caracterizar a un proceso de burocratización de parte de los intelectuales del continente y su pérdida de capacidad de abordar los grandes problemas históricos que vive Latinoamérica. Mencionaba González Casanova la incapacidad de muchos académicos de articular la comprensión de los graves problemas que afectan al continente con la crisis general del capitalismo y del neoliberalismo.

Es el mismo fenómeno sobre el cual se volcaba el norteamericano Russel Jacoby, cuando hablaba de los últimos intelectuales, refiriéndose a la intelligentsia, a los pensadores que poseen todavía tres rasgos esenciales: la capacidad de abordar los grandes temas históricos de su época, la vocación de hacerlo con lenguaje accesible al gran público y la ubicación del lado de las grandes masas populares en contra de la élites en el poder.

El pensamiento crítico latinoamericano, que ha protagonizado, a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado los grandes debates teóricos y políticos en el continente necesita, más que nunca, recuperar su vigor y su creatividad, aplicar el pensamiento dialéctico a las condiciones concretas del continente. Necesita superar sus tendencias burocráticas y de encierro dentro de los muros de las universidades y de las instituciones académicas, para renovarse y reencontrar la capacidad, que logró desarrollar en el pasado reciente, de articular el pensamiento teórico y a práctica política. (O)