Los comuneros y el proyecto de riego emblema

23 de mayo de 2011 - 00:00

La actividad del riego, además de un medio tecnológico, es un conocimiento cultural y científico utilizado por la humanidad para garantizar su supervivencia y marcó el inicio de su civilización. Para esto fueron necesarias las herramientas y las obras de riego cuya construcción en los países subdesarrollados ha significado comprometer cuantiosos recursos financieros, gravando sus economías por largos plazos.

Los responsables de la construcción de las infraestructuras de los proyectos de riego siempre han estado cercanos a los criterios financieros empresariales, antes que a los económicos del desarrollo de la sociedad y, con esta óptica, las inversiones realizadas en las obras civiles son notablemente superiores a las que corresponden a la capacitación y organización campesina, a lo cual se suma la forma asimétrica como fueron informados de los beneficios los diferentes estratos sociales del área de influencia del proyecto, siendo los campesinos los menos informados.       

Como ejemplo tenemos uno de los proyectos emblemáticos de la modernidad del riego en el país: el Proyecto de Trasvase a la península de Santa Elena. Los estudios en firme se realizaron entre 1975 y 1978. La construcción de las obras físicas, entre 1989 y 1996. Sus componentes físicos principales son: la estación del trasvase y conducción del agua del Daule a la represa Chongón, los canales de distribución del agua y la primera etapa con riego presurizado en la península de Santa Elena.

Los costes directos de la construcción de las obras físicas están en alrededor de los quinientos sesenta y ocho millones de dólares. De los análisis realizados -después de  8 años de funcionamiento- no muestra sus beneficios, con el 20% de superficie en uso y con una notable subutilización del recurso,  la cual resta capacidad para financiar la operación y mantenimiento.

Los campesinos, por falta de información y capacitación, no tomaron parte del proceso, en el que nuevos propietarios fáciles de detectar y no pocos traficantes de tierras, atentos a las cuantiosas inversiones realizadas por el Estado (es decir, más de 500 millones de dólares de todos nosotros), especularon mediante compras ilegales de tierras comunales, o de agricultores que no pudieron  resistir a las invasiones forjadas por los especuladores. El resultado es el que ahora tenemos: un proyecto emblema anquilosado cuya recuperación financiera es cero