El liderazgo asertivo, un factor determinante

- 02 de abril de 2019 - 00:00

Las elecciones recientes han dejado enseñanzas. Un punto de partida es que la democracia electoral ha actuado con el concurso de antiguos y nuevos liderazgos. Pero, ¿de qué liderazgos hablamos?

La profusión de candidaturas tiene ventajas y desventajas. Entre las primeras está la búsqueda de participación, y entre las segundas retrata la ambición de poder ahora que el Estado ya no tiene fondos. ¡Qué paradoja!

El tema de fondo -valga la tautología- es el seudoliderazgo conocido como cacicazgo-, afín al populismo, que ha dado sorpresas en varias ciudades cuyos candidatos creyeron en las encuestas hoy conocidas como bastiones del fracaso electoral. ¡Es que todos, o casi todos apostaron a perder!

Mi lectura es que faltó un verdadero liderazgo asertivo. La asertividad es la conducta que permite que una persona actúe sobre la base de sus intereses o sus necesidades, exprese sentimientos honestos, defenderse sin ansiedad inapropiada o bien ejerza tus propios derechos sin negar los de los demás. En la práctica un líder asertivo es capaz de expresar tanto los sentimientos positivos como los negativos de manera adecuada; comunicarse y expresar opiniones sin contratiempos; y mantener los propios derechos, sin afectar a terceros. ¡Y en este caso, a los otros candidatos!

Según Aguilar Kubli, la asertividad ayuda a servir a los demás en la tarea de comprender las necesidades humanas. Comprender es un concepto de doble intención: conocer para comprender, y solo se comprende si se conoce para apoyar y crecer. La asertividad, en este sentido, es una forma de vida que se inserta en una meta: ser proactivos, antes que reactivos ante los conflictos.

Abraham Maslow jerarquizó las necesidades de los individuos a partir de las necesidades básicas, luego las de seguridad, pertenencia o identidad, de autoestima, apreciación estética y logros intelectuales, y finalmente las necesidades de autorrealización.

Y ahí está la clave: el liderazgo asertivo es determinante cuando es firme -no autoritario-; sensible y empático -no sensiblero ni populista-, y racional -responde al sentido común y a las necesidades de los electores-. Y es lo que faltó a la mayoría de candidatos. (O)