La situación cambia y la oposición brasileña no se da cuenta

- 28 de abril de 2015 - 00:00

Confiada en las movilizaciones de hace un mes, la oposición brasileña convocó a nuevas manifestaciones, pero fracasó. Todo había sido preparado de la misma manera, con el rol determinante, una vez más, desempeñado por los medios de comunicación.

TV Globo no transmitió el partido de fútbol como tradicionalmente lo hace, en Sao Paulo, para dejar espacio a la cobertura de lo que creía sería una manifestación todavía más grande que la anterior. Folha de Sao Paulo publicó una cuestionable encuesta, justo en vísperas de las manifestaciones, intentando animar a los opositores a seguir movilizados.

Pero el fracaso fue rotundo. No hubo nada que se pareciera a lo de hace un mes. En ciudades donde docenas de miles se habían movilizado -como Brasilia o Belo Horizonte o Río de Janeiro- poca gente se ha dispuesto a hacerlo de nuevo. La agencia Reuters calculó en 140 mil personas los manifestantes del domingo 12, cifra muy por debajo de lo que había sido calculado para un mes antes. La repercusión general demuestra que el momento más fuerte de la oposición ha quedado atrás.

¿Qué es lo que ha cambiado en este último mes, para que las cosas se muestren ya distintas en Brasil? En primer lugar, el Gobierno ha retomado la iniciativa política, avanzando en la recomposición política de sus alianzas. Si hasta recientemente, el PMDB se acercaba a la oposición, el nombramiento de su presidente y vicepresidente de la república, Milton Temer, como coordinador político del Gobierno, ha revertido la correlación de fuerzas internas en ese partido, que así se reposiciona dentro de la base política del Gobierno.

Hay síntomas de que la situación económica, si bien no presenta todavía señales de retomar el crecimiento, demuestra que el estancamiento va quedando hacia atrás y presenta perspectivas de reactivación en varios sectores importantes. Incluso los niveles de inflación apuntados -muy por debajo de los que Fernando Henrique Cardoso dejó a Lula- no están descontrolados y, sobre todo, el nivel de empleo, a pesar de actitudes de sabotaje de sectores del gran empresariado, no se ha alterado. A pesar del terrorismo económico de los medios de comunicación, las mismas agencias de riesgo han manifestado que la economía brasileña no presenta las fragilidades que la oposición insiste en destacar. El Gobierno, a su vez, ha tomado medidas de simpatía popular, sea respecto a los descuentos del impuesto a la renta, sea en el diseño de la política salarial de aumentos por encima de la inflación, estableciendo un equilibrio respecto a las medidas de ajuste de las cuentas públicas.

El movimiento popular vuelve a ocupar las calles, con movilizaciones nacionales como la del día 15 y una huelga general contra el proyecto de ley de tercerización de la mano de obra que la Cámara de Diputados aprobó en primera votación. Otro factor que ha contribuido al cambio de la situación es el hecho de que Lula ha retomado su actuación como coordinador ad hoc del Gobierno y movilizador del PT y de los movimientos sociales. Al mismo tiempo, el Gobierno ha hecho nombramientos -en el Ministerio de Educación, en la Secretaría de Comunicaciones y en el Instituto de Investigación Aplicada (IPEA)- de personas claramente identificadas con la izquierda, atendiendo a demandas de ese sector. (O)

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