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Ximena Ortiz Crespo

La pubertad: un momento clave en la vida de las mujeres

18 de septiembre de 2021 00:53

Comentaban mis compañeras de colegio que cuando llegamos al quinto grado, es decir cuando teníamos 11 o 12 años, las calificaciones de la escuela bajaron, mientras subíamos de peso. No es raro que así haya sido. La pubertad es un evento vital que transforma profundamente a una niña, no solamente en lo fisiológico sino también en lo social y psicológico. Por ello, padres y educadores, deben tomar en cuenta los cambios en la niña que se transforma pero también sensibilizarse en cómo la sociedad trata de dirigir su comportamiento y, –en la mayoría de los casos–, limitar su libertad, moldear su carácter y restringir su independencia.

La pubertad es el momento en que las niñas toman consciencia de sí mismas, conocen el  lugar en que las pone la sociedad y aprenden la forma en que manejarán sus relaciones sociales. Los riesgos de la pubertad, –dicen los estudiosos–, deben ser considerados con mucho cuidado por las consecuencias a largo plazo que tienen en la vida de las mujeres.

Es crucial mirar cómo la sociedad redefine los roles sociales de la niña en su transición a ser mujer y cómo genera nuevas expectativas y obligaciones para ella. La primera lección que padres, abuelos y educadores le dan a la niña es que debe portarse “como una dama”. Esto significa que debe cuidar su postura, mantener un tono de voz bajo, utilizar lenguaje apropiado, estar pendiente de su apariencia, mostrarse amable, gentil,  servicial, sonreír mucho de tal manera que la gente se sienta cómoda y hablar poco. Pero más intensos son los consejos de lo que NO debe hacer: reírse a carcajadas, cuchichear, mostrar sus puntos de vista, hacer deportes de hombres o ser machona.

Los consejos de los adultos hacia una niña refuerzan los estereotipos de género y pueden potencialmente dañar la autoestima de las púberes, porque les impide expresarse. Ellas –reprimidas por tantos “haga esto” y “no haga lo otro”–, tratan de acomodarse a las normas, so pena de sentirse poco amadas y aceptadas. Así la sociedad reproduce sus esquemas arcaicos e impide el desarrollo pleno de la mujer porque está implícito que hay ciertas formas de comportamiento específicamente femeninos: ser “suave”, es decir subordinarse.

El cambio en el concepto de sí misma que una niña tiene que hacer para reflejar la perspectiva adulta se manifiesta en la adolescencia: ella con frecuencia rechaza la escuela y la autoridad de los padres. Un sello distintivo de la adolescente inconforme al ingresar a la escuela secundaria es un interés cada vez menor en lo académico y un rechazo a las metas y reglas convencionales, lo cual afecta de forma crítica su vida futura.

Para educar niñas fuertes y seguras es necesario que padres y educadores, madres y profesoras, tomen en cuenta la pubertad como un momento clave.  Oigamos lo que dice sabiamente Sabrina Rogers-Anderson en su artículo “Cómo empoderar a las niñas”. Para empezar, –dice ella-, una madre debe ser un modelo de autoaceptación respecto a su propio cuerpo, evitando hablar de sus complejos corporales frente a su hija. Debe tratar de comer bien, hacer ejercicio y demostrar una imagen corporal positiva. La madre es el primer y más importante modelo a seguir, así que debe demostrar que se acepta y se ama a sí misma. Luego la autora,  quien es madre de tres niñas, aconseja al círculo cercano que no se enfoque en la apariencia de la niña. Esto evitará que ella crea que su valor como persona depende de dicha aparienca: “Por más adorable que sea vestir a tu pequeña con tutús y publicar fotos en Insta o llenar el armario de tu hija de primer grado con vestidos de princesa, o lo bonita que se está poniendo tu pre adolescente, recuerda que estos mensajes no la empoderan. En su lugar, trata de mostrar sus adelantos y usar adjetivos como `decidida´, `creativa´, `trabajadora´, o `valiente´ para describir a tu hija”.

Otros consejos que da la escritora es el de permitir que las niñas pre adolescentes sean aventureras y ruidosas: “Cuando un chico sube a un árbol y grita como un pirata desde lo alto, apenas nos inmutamos. Pero si una chica hace lo mismo, le decimos que está hablando demasiado y que se calme. Mientras a los chicos se les anima a ser salvajes y libres, a las chicas se las reprime.” Por otro lado Rogers-Anderson se refiere al rol del padre en lograr que las niñas se sientan  fuertes y seguras dedicándoles tiempo, jugando, discutiendo y bromeando con ellas. Un padre es el modelo más cercano de lo que ellas pueden encontrar en los niños y en los hombres de su vida. Si un padre ignora, menosprecia o critica a su hija le enseñará a esperar el mismo trato de otros hombres.

Es importante, dice esta reflexiva escritora, que las jóvenes conozcan que los derechos de la mujeres se han logrado luchando por siglos, así ella aprenderán a tener una postura crítica respecto al patriarcado. Es clave fomentar sus gustos y ayudarlas a  descubrir lo que les apasiona y da sentido a su vida, lo mismo que protejerlas de internalizar estándares de belleza inalcanzables. En su lugar, es necesario que ella vean imágenes de atletas fuertes, saludables y exitosas, como la Neisi y las demás las medallistas ecuatorianas a las que acabamos de aplaudir. Las niñas deben ver deportes femeninos en la TV y se las debe animar a practicarlos. Pero sobretodo es necesario enseñarles a defenderse de acosadores y agresores, modelando para ellas formas del lenguaje oral o gestual de lo que no les gusta.

A todas estas reflexiones sobre las pre adolescentes es indispensable añadir que es necesario exigirles un buen desempeño académico, mostrándoles que la vida se logra con trabajo y esfuerzo. Y por cierto, tratar de asegurar su futuro asignando dinero a un fondo para que ellas vayan a la universidad.

Es mucho lo que podemos hacer por las niñas que están llegando a la pubertad. ¡Aprendamos a enseñarles lo que las pueda fortalecer!

 

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