La comunidad y él

- 18 de octubre de 2017 - 00:00

Freddy Cevallos Angulo es del barrio y el barrio no se queda por fuera de su creatividad; no caben distanciamientos si el ombligo fue enterrado por ahí, debajo de aquel árbol, ahora recordado por la antigua sombra durante estas canículas del malhaya.

Esa partícula de recién nacido devuelta a polvo se reparte por calles y memorias barriales. Por eso sus fotografías tienen ese compromiso. La daguerrotipia hogareña fue ventana a un tiempo inmóvil, de gente de extraña mirada fija, caballeros fantasmales de pañuelo en el bolsillo de la solapa, damas de raros peinados y al fondo unas casas de caña brava. Del color sepia del retrato de guerrilleros de Federico Lastra a la combinación matizada de blanco/negro de la fotografía de Junior Chalá, cantautor y activista de las comunidades del Valle del Chota.

La historia del pueblo negro precisa del arte de la fotografía, pero de los protagonistas de ese fugaz deslumbre humano con sus emociones, sus desencantos y sus alegrías ruidosas. A Freddy hay que observarlo en esos episodios creativos, inconforme con la biofísica (vida cambiante y luz matizada) del escenario, él cobra tantas imágenes como le sea posible para completar la metáfora.

‘La comunidad y él’ no es el título de la muestra, más bien establece la imaginería cultural con personalidades como ejes, por ejemplo, el maestro Juan García, con pañuelo de motorista sobreviviendo al mal rato de su fatal enfermedad, pose familiar del andariego en transitorio reposo. ‘Bambero mayor de la afroecuatorianidad’ nombró a esa fotografía.

Las palabras de sonidos secretos o indescifrables de Janeth Angulo, en el ‘ritual de agradecimiento a nuestros mayores’, retrato realizado en octubre del 2013, justamente el Día de la Negritud Ecuatoriana. La serenidad del rostro perdona el agua larga de emociones, ¿cuánto debió esperar para fijar la paradoja rostro escampado-verbo emocionado? O la nonagenaria Petita Palma, su negrísimo cabello y unas arrugas incorporadas con desgano al rostro de juvenil tenacidad; ella con sus narraciones de los malos tiempos de la marimba a estos mejores. La oscuridad lateral invoca la soltura sin tropiezos de la palabra del ícono cultural esmeraldeño.

La familia de Freddy Cevallos proviene del barrio que hizo su nombre a base de patear pelotas de trapo (La Colectiva), de una garganta de arrullo-blues de un estibador portuario (Los Millonarios) y los primeros buses urbanos de la ciudad de Esmeraldas (La Parada 10). De esa comunidad urbana de triple nominación y de una familia trabajadora-estudiantil debió adquirir préstamos interpretativos para su arte. Alexon Cevallos, su fotografía, habitante de allá, cantor versátil y de aquellos jóvenes que no le negaron una melodía a la madrugada. Una leyenda local.

La fotografía es una de las artes plásticas, su antecedente es la daguerrotipia; esas imágenes neblinosas de nuestra niñez conseguidas con infinita paciencia. Freddy suma vitalidad con talento y técnicas. (O)