La revolución que se hizo pesadilla

- 12 de febrero de 2019 - 00:00

Hace 40 años, cuando la Revolución Islámica logró deponer al Sha, yo tenía apenas 7 años. Mi corta edad no me impidió formar parte de las manifestaciones. Mi familia me llevó a algunas. La nuestra se dividió en dos bandos: una mayoría opuesta al Sha, el último monarca, y una minoría opuesta a la revolución.

Las discusiones políticas en casa y en la calle eran algo cotidiano. En la escuela nos hacían formar para gritar consignas en honor al ayatolá Jomeini, en la calle nos rodeaban sus opositores para hacernos cantar eslóganes contra los clérigos que llegaron al poder.

La cuestión sobre de qué lado debía uno estar se zanjó cuando nos sacaron de la escuela para ver cómo morían en la horca los “enemigos de la revolución”. Todavía hoy este “título criminal” se le pone a los opositores de la República Islámica. Ejecuciones, encarcelamientos y destierros son los instrumentos favoritos de los líderes de la República Islámica. En la década de 1980 fueron ejecutados miles de opositores al Sha que no estaban de acuerdo con Jomeini. Más tarde, los gobernantes no dudaron en abrir fuego contra los manifestantes que se atrevieran a tomar las calles, como en 2009 y otra vez en 2018.

Otro hecho que dejó claro que el régimen trataría de seguir en el poder fueron los asesinatos en serie, incluidos los de escritores. Hubo un intento de despeñar un autobús con más de veinte escritores por un barranco.

Las dificultades de abastecimiento pueden hacer crecer el descontento: cola para comprar carne a precio reducido en noviembre de 2018.

Dentro del aparato de poder, la división entre los “de línea dura” y los “reformadores” es difusa. Pero conforme disminuye la esperanza de salir de la crisis económica, los partidarios de un cambio de sistema se distancian tanto de los conservadores de línea dura como de los reformadores. En otras palabras, ahora hay dos nuevos campos enfrentados, que se vieron las caras por primera vez durante las protestas del cambio de año entre 2017 y 2018: por un lado, los defensores del statu quo, por el otro, los partidarios de un cambio profundo que finalmente conduzca a derrocar el sistema de gobierno. (O) et * Tomado de DW

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