Jubilarnos tarde y mal

- 06 de mayo de 2019 - 00:00

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo señala que dentro de 30 años unos 70 millones de adultos mayores latinoamericanos no habrán ahorrado lo necesario para poder vivir bien y tendrán problemas en su vejez. Pueden estar seguros de que a este paso, varios millones de ecuatorianos serán parte de ese grupo.

 En países vecinos como Chile, Perú y Colombia coexisten dos plataformas paralelas de jubilación: la de la seguridad social a la que los empleados aportan obligatoriamente, y los programas voluntarios y privados de retiro o fondos de pensión. En Chile, por ejemplo, la inyección de liquidez de las AFP’s movió los mercados financiero y bursátil.

Pero la idea nunca convenció en Ecuador cuando se la introdujo a finales de los años 80, entre otras cosas por eso de que “no tenemos cultura de ahorro”. Alguien dirá que realmente lo que no poseemos es la capacidad de guardar dinero cada mes. En estricto rigor, un consumidor que se endeuda, también pudo haber ahorrado. Lo que pasa es que nuestra realidad indica que quizás es lo uno o lo otro.

En los países desarrollados los ahorros privados conviven con el sistema público, o en su defecto existen retenciones de impuestos y de seguridad social muchísimo más altas.

Pero de vuelta a América del Sur, en Perú se están empezando a jubilar a los 59 porque el sistema público se los permite y porque los fondos de pensión ya están lo suficientemente nutridos y no tiene objeto seguir ahorrando. Lo importante no es la edad sino el número de años aportados (mínimo 25 para las mujeres y 30 para los hombres). Es igual en Bolivia, donde se pueden retirar desde los 55 y 50 años, y en Colombia con 62 y 57.

Nosotros vamos en contravía. Primero porque nunca despegaron masivamente los planes de ahorro para la vejez. Y segundo porque el IESS se convirtió en el bolsillo de atrás de más de un gobierno. Y el Estado ha generado un bache que amenaza su sostenibilidad.

En EE.UU. y en Europa, la edad de jubilación se está moviendo a los 67 porque la expectativa de vida ha mejorado notablemente y el modelo se descompensa. Pero en nuestro caso, seguramente la edad también se moverá pero alentada por los errores del pasado y la inacción del presente. (O)

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