La increíble historia del agua potable

- 21 de noviembre de 2018 - 00:00

La mayoría de las ciudades de la Costa ecuatoriana padecen por baja o ninguna provisión de agua potable. Si cada una de ellas tuviera su propio Sahel sin ríos ni lluvias no serían necesarios los 2.000 caracteres de esta jam-session, pero es al revés, el río es socio urbano o las aguas dulces están un poquito más allá.

Un día de esos, por supuestos imposibles económicos o porque la asesoría de campaña electoral lo propuso, salió del discurso político de las candidaturas. Y no hay agua potable en muchas ciudades costeñas sin importar su tamaño. No es hipérbole. El gran negocio es la venta de agua embotellada, además de cara y el plástico residual, el control sanitario es para preocuparse en serio.

Un conocido del Medio Oriente obliga a este jazzman a cambiar de conversación cuando la parla se tropieza con el bendito tema del agua domiciliaria. Debo decirlo, para mí es irritantemente vergonzoso que, en mi ciudad, Esmeraldas, las angustias sean fluidas y la desesperanza espesa.

Esos mismos (mujeres y hombres) se presentan una y otra vez a las elecciones locales, muchísimas veces ganan y continúa crítica de provisión del agua. En sus discursos electoreros el decisivo asunto de la sed lo pasan de refilón, unos minutos después de decir nada a nadie se prende la rumba popular (está en la planificación de campaña y de gobierno), por allá entregan un regalito de a perro y así nos va desde que tenemos memoria seca en la garganta.

Se puede cargar de adjetivos a la clase política de las ciudades costeñas, pero es su ciudadanía la que le concede la desgracia de la elección. Pero la vida les concede la revancha por si se equivocan: hay revocatoria de mandato, demanda obligatoria de rendición de cuentas y otras acciones jurídicas. Damas y caballeros, ustedes no tienen derecho a la quejumbre.

De lo que veo, en esta campaña electoral para marzo de 2019, el tema de la provisión de agua potable vuelve al nunca jamás. ¿Nos tragaremos en seco la mentira? Ahí se las dejo. (O)