Gobiernos seccionales y democracia

- 09 de agosto de 2018 - 00:00

Ecuador acudirá a las urnas en marzo de 2019 para elegir a 23 prefectos, 221 alcaldes, 4.089 vocales de juntas parroquiales. Los datos dibujan claramente la densidad y fragmentación del poder de Ecuador, un país territorialmente pequeño. Más allá de los niveles de gobierno y sus competencias exclusivas, nuestro país cuenta con más de 6.000 unidades políticas territoriales. Nada nuevo, puesto que esa estructura es histórica y revela el modo espacial de poblamiento.

Desde la época prehispánica se formaron cacicazgos, cada uno de los cuales controlaban espacios ubicados en diferentes nichos ecológicos; varios de ellos hicieron alianzas y conformaron señoríos dedicados a los intercambios a corta y larga distancia. Cuando llegaron los españoles no tuvieron más remedio que replicar ese modelo de poblamiento, puesto que además estaba articulado por una infraestructura de caminos y localizados estratégicamente para acceder a recursos básicos y a su geografía sagrada, sobre la cual colocaron iglesia y vírgenes.

Es verdad que muchos pueblos desaparecieron por efecto de las reducciones coloniales, pero la estructura general, caracterizada por decenas de pueblos esparcidos, prevaleció, con la particularidad de que en la República fueron organizados dentro de departamentos y luego provincias, que respondían a una lógica y poder regional. Del cabildo colonial  derivó el municipio actual, una de las instituciones más singulares, antiguas y poderosas, puesto que es la única que tiene potestad directa sobre el territorio local-cantonal. Hasta hace poco, incluso administraba justicia mediante el recurso de habeas corpus.

Ecuador -y en general, Latinoamérica- conserva este tipo de dispersión del poder. En realidad visto desde un enfoque positivo, los gobiernos seccionales, y especialmente el municipio, deberían transformarse en una instancia que concrete la utopía de la democracia, debido a que, ella solo es posible en términos prácticos en una escala en la que los ciudadanos se encuentren cara a cara, para la toma de decisiones, condición original de la democracia o poder del pueblo. (O) 

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