Gaby, mi esposa

- 07 de diciembre de 2018 - 00:00

En el 2008, Gaby y yo, estábamos en nuestros procesos personales de salir del clóset. Un poco “tardías” en esto de tomar la decisión, por lo complejo de nuestros entornos familiares y las circunstancias de nuestras vidas. Pero nuestros caminos se juntaron en el 2009 una noche en una discoteca de “ambiente”, como se llama a los lugares de diversión LGBTI. La había visto en dos ocasiones anteriores en un bar lésbico sin atrever a acercarme, fue cuando me prometí a mí misma que me acercaría la tercera vez que la viera, como un intento desesperado de armarme de valor. Y la tercera vez sucedió.

Yo estaba bailando con amigos y de repente se abrió la puerta de la discoteca; un ángel apareció o al menos así me pareció a mí. Gaby entraba acompañada de un halo de luz, realmente era la luz del poste que se colaba en el espacio de la puerta abierta, pero el efecto que causó en mí fue celestial. Un par de tragos de valentía y fui directo a ella.

En ese preciso momento se apagó la música y empezó un show drag en una pequeña tarima en medio de la pista de baile. Me puse estratégicamente del otro lado de la tarima de donde estaba Gaby. La valentía etílica aún corría por mis venas y le planté la mirada en una especie de coquetería artesanal, que provocaba miradas curiosas de vuelta por parte de ella.

Terminó el show, me acerqué a ella y le pedí bailar. ¡Aceptó! No sé por cuánto tiempo estuvimos al ritmo de las canciones; luego un amigo suyo se acercó a decirle que era hora de irse. El momento de la verdad: le pedí su número telefónico. Sentí el corazón en mi garganta. Finalmente, respiré cuando ella me dio su número. Y así empezó nuestra historia de amor.

Llevamos emparejadas casi 10 años, y siete viviendo juntas. No resultó un romance pasajero. Lo mío con Gaby se convirtió en un amor a prueba de todo. Lo último, un tumor grande en su espalda que fue extirpado con éxito y resultó benigno. La cuidé con devoción las dos semanas que el cirujano oncólogo le dio de reposo para su recuperación. Como bien dicen “en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza”, así hemos sabido amarnos Gaby y yo. (O)

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