Fanon de Wimbí (IV)

- 07 de febrero de 2018 - 00:00

Sin opresión ni racismo jamás se hubiera reinventado el instrumento musical llamado marimba, en las orillas, atlántica y pacífica colombo-ecuatoriana. Este jazzman parafrasea unas líneas de Frantz Fanon, Racismo y cultura, Matxingune Taldea, 2011, p. 4. Completada la reinvención llegó el caudal de músicas. Ritmos y poesías a lo humano, a lo divino y a las pequeñas existencias cotidianas. Empezó aquello que la comunidad de abuelos, más adelante en discurso político de Débora y Zenón, se hizo entender como autorreparación. Aún no se sabía de esa resistida caridad por los Estados americanos (incluido el nuestro), aprobada en la Asamblea General de la ONU, mediante Resolución 68/237, denominada: Decenio de la Afrodescendencia.

¿Cuándo comenzó la autorreparación en las comunidades negras ecuatorianas? Comenzó con el primer acto de resistencia, individual o grupal, por el simple derecho a existir en el largo y ancho de este territorio de las Esmeraldas, sin límites precisos ni rayas de separación comunitarias. El proceso civilizatorio de los pueblos de origen africano es infinito. La sociedad colonialista de aquellos años y la sociedad de la colonialidad del poder político actual adaptan sus formas de opresión a los tiempos de respuestas cimarronas de las comunidades. Y la confrontación continúa, abierta o simulada. El catálogo de aniquilaciones se lee fácil: destrucción material del sistema cultural marimba y su prohibición explícita e implícita posterior, planificado olvido estatal para el desenfreno del capitalismo salvaje en la provincia y repetidos asombros por la violencia cíclica.

Frantz Fanon quizás no supo nada del norte provincial de Esmeraldas, pero fue previsto por él: “El objeto del racismo deja de ser el hombre particular (para el caso, las comunidades negras) y sí una cierta manera de existir”. A esa manera de existir se le construye el descrédito con cantidad de significantes hasta completar la empresa de resignación popular a la exclusión. (O)