La era de la negación

- 26 de agosto de 2019 - 00:00

Dicen que el incendio en la selva amazónica es una exageración, un invento de los gobiernos y de los izquierdistas de las Naciones Unidas. Las imágenes satelitales calzan convenientemente en el montaje ejecutado por los medios.
También afirman que el “calentamiento global” es otro boicot porque lo que existe es un cambio climático de ciclo natural (no causado por el hombre). Todo está explicado en internet, donde habitan teorías de bambalina para todos los gustos.

Irónicamente, la edad de la información es también la era de la negación. Nunca había habido tanta gente consumiendo o generando contenido, pero la pantalla está hecha también para darnos la razón cuando no la tenemos.

Toda la literatura disponible no es suficiente para convencer a un puñado de padres de familia que las vacunas no son opcionales. Toda secta tiene su profeta y su libro sagrado, y la internet ayuda a evangelizar.

Así llegamos a nuestro país. Hay verdades que no se pueden esconder como el abuso a los derechos humanos en la última década o una generación de ecuatorianos en las aulas de muchas de las principales universidades del mundo. Los unos niegan lo primero, los otros pasan por alto lo segundo.

Los radicalismos y los criterios cuadriculados nos están empujando silenciosamente a un oscuro callejón. Tengo la impresión de que los debates basados en ideas irán escaseando. La ciencia, la ética y la ley serán cuestionadas sin argumentos válidos. La retórica inflamada será la que se imponga sin importar si existe o no condumio.

Seguirán fallando las encuestadoras, lo que quiere decir que las sociedades y los mercados serán cada vez más impredecibles y, por lo tanto, más complejos para satisfacer. Mientras tanto, surgirán nuevos antihéroes como Tuárez y líderes fanáticos como Amparito. Un hacker se disfraza de periodista y un periodista se disfraza de hacker, y la popularidad le toma la posta a la credibilidad.

El único problema mayor que las noticias falsas es la gente que se vuelve vocera de ellas. No debatimos sobre educación, ambiente, productividad o salud, que son las obsesiones de otras sociedades. Aquí trotamos en el propio terreno del delirio político, santificando o condenando.

Y mientras alimentamos los mitos y las leyendas no solo se quema el Amazonas sino nuestra capacidad de construir un país más organizado, enfocado, estudioso y sano. Nos llenamos de humo sin darnos cuenta. (O) 

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