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Daniela Ángela Leyton Michovich

El sueño de una App para aprender con y desde el Sur Global

24 de septiembre de 2021 00:00

El otro día vi una escena que retrataba  espacios escolares ubicados en plazas públicas, al aire libre , donde los estudiantes parecían disfrutar el proceso de aprendizaje, a pesar de la pandemia y de la necesidad de llevar tapaboca, sus miradas irradiaban felicidad, portaban celulares, estaban ansiosos al formar una fila para ingresar a un espacio donde aprenderían de la ciencia acompañados de estos dispositivos, del diálogo con científicos y artistas.

Mientras veía la imagen recordé este tipo de iniciativas, que generalmente van acompañadas de  una variedad de  proyectos tecnológicos creativos a la que los niños de primer mundo tienen acceso. Se trata de iniciativas que combinan con maestría recursos musicales, visuales, tecnológicos para acompañar el aprendizaje. Si puedo contarle sobre uno de estos proyectos educativos, le narraría el aporte increíble de “Biophilia” una iniciativa creada y promocionada por la artista islandesa Björk.

Esta iniciativa  multimedia se presenta en una App que incluye música, arte, ciencia, elementos que llevan al estudiante, mediante una constelación de opciones, a jugar mientras aprende. Como es de esperar por el estilo de música y arte de Björk, el contenido de este material está inspirado en la naturaleza y muchos de los sonidos e imágenes están basados en ella. La idea es motivar en los niños el desarrollo de una creatividad conectada con el medio ambiente, la naturaleza, la vida misma. Me alegró mucho saber que hasta antes de la pandemia, este proyecto había llegado ya a más de 30 países.

Pensaba entonces en la emoción que podrían sentir los niños de nuestra región en su retorno a clases si se encontraran con este tipo de herramientas hábilmente guiadas por los docentes, iniciativa que de alguna forma llega a abarcar uno de los procesos nodales que implica la adquisición de conocimientos: llamar a la curiosidad , emocionarse, compartirlo con otros y en consecuencia aprender.

Pensaba también en el legado histórico de pedagogías que antes del auxilio de los dispositivos electrónicos ya inspiraban vida, como el proyecto  “Warisata” en Bolivia, un espacio de aprendizaje nacido de la pasión por conectar el diario vivir con el conocimiento, un espacio que en sus albores fue catalogado como “ilegal” por no estar dentro del circuito educativo formal reconocido de entonces. Se trató de un proyecto fascinante que a la fecha ha regalado a muchos  inspiración y ha decantado en infinidad de reflexiones retratadas en libros, tesis, arte, en prácticas pedagógicas por nombrar algunos de sus frutos, sin embargo el impacto de esta experiencia tristemente conservó un radio local y en el mejor de los casos llegó a inspirar una Ley nacional de Educación, que como se imaginará, curiosamente lleva el nombre pero no logra aterrizar en su significado.

Similar semilla pedagógica se encuentra en México con la cultura maya y sus matemáticas, legado que en diálogos con la pedagogía occidental dieron paso a metodologías lúdicas experimentales, amables para aprender esta ciencia. Como estas experiencias podemos encontrar una infinidad.

Me imagino que pasaría entonces si estos y otros tantos saberes y conocimientos se pudieran pensar en una App, diseñada de forma inteligente, responsable, en diálogo con múltiples conocimientos. Una herramienta que sea impermeable a su uso populista, pachamamista o exotizante, que le dé el justo valor a su contenido y que reconozca con respeto el conocimiento legado, que conecte con la vida y la generosa naturaleza que nos regala la región, solo imagine la Amazonía, una App  que sea capaz de llegar a todas las personas.

¿No sería un recurso interesante? Pienso que con todas estas oportunidades, replicar el aula con títeres en la televisión, con presentadores cuyas estrategias empatan en los lejanos años 70, a estas alturas resulta un insulto. Creo que el retomar éticamente el derecho a la conectividad proveyendo a los estudiantes de dispositivos que les faciliten el acceso a estas y otras plataformas, el capacitar y tratar con dignidad a los docentes, el propiciar un diálogo entre las escuelas, los científicos y las universidades, es pensar seriamente en una educación conectada con el presente y el futuro.

Ojalá fuera posible, ojalá fuera equitativo, en fin, siempre queda la esperanza de que a veces los sueños se hacen realidad.

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