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Mariana Velasco

El pensamiento es memoria

09 de junio de 2021 01:00

Un pensamiento sin memoria no es tal.Tenemos experiencia gracias al recuerdo que a su vez purifica el acontecimiento para conservarlo en su esencia. Pensar es recordar, decía Platón, demostrando que es el presente el que hace posible el ejercicio de la memoria y no a la inversa. La permanencia del presente proviene del ser, más no de la memoria, porque esta no engendra el tiempo.

Los quehaceres de la memoria suponen desafíos dramáticos. Hacer memoria supone, poder. Porque hacer memoria no es sólo “recibir una imagen del pasado; es también buscarla, hacer algo” con ella (Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, 2003), y hacer algo con ella supone poder hacer memoria primero.

Nuestra habilidad para recordar nueva información acerca de un asunto depende en buena medida lo que ya sabemos. Cuando recuperamos algo de nuestro “banco de datos” mental, buscamos en nuestro almacén de la memoria para encontrar información relevante. Esta búsqueda puede ser automática o requerir de esfuerzo. La posición de una palabra en una lista también afecta cuán fácil o difícil será la recuperación. El efecto de posición en serie significa que la recuperación es mejor para los elementos del principio y final de la lista que para los que se encuentran en medio.

Otro factor que afecta la recuperación es la naturaleza de las claves que las personas usan en su memoria. Las asociaciones que se forman en el momento de la codificación o aprendizaje tienden a ser signos efectivos de recuperación. El reconocimiento es una tarea de la memoria en donde los individuos sólo tienen que identificar (“reconocer”) la información aprendida.

El olvido dependiente de señales es un fracaso en la recuperación causada por una falta de señales o claves eficaces para la recuperación. El principio de la clave o señal dependiente de olvido es consistente con la teoría de interferencia, que dice que nosotros olvidamos, no porque en realidad se pierdan los recuerdos almacenados, sino porque otra información se interpone en lo que estamos tratando de recordar. Otra explicación del olvido es el decaimiento de la memoria. De acuerdo con la teoría del decaimiento, el nuevo aprendizaje incluye la creación de una huella neuroquímica de memoria que eventualmente se desintegrará. Así, la teoría del quebranto sugiere que el tiempo es el responsable del olvido. Los recuerdos decaen a diferentes velocidades.

En la enseñanza de las matemáticas, se afirma que los números escapan a la noción de tiempo y por eso resultan ser eternos. En la literatura, la saga de novelas fantásticas “Inmortales” publicada hace una década por la escritora estadounidense, Alyson Noël, comienza con la novela “Eternidad” donde la protagonista adquiere el don de ver el aura de la gente y oír lo que piensan, además de establecer comunicación con su hermana fallecida en un accidente.

Hace falta vivir en presente. El instante que pasa, dice Boecio, engendra el tiempo, mientras que el momento que permanece, la eternidad. Al filósofo cristiano y padre de la iglesia católica, San Agustín, se le atribuye la afirmación de que existe un creador artífice de un universo temporal. Sostiene que Dios vive en un presente perpetuo porque las fracciones del tiempo son modos del presente: memoria, intuición y expectación.

La eternidad se predica de aquellas cosas materiales o inmateriales que son o se suponen indestructibles. En religión esta cualidad es atribuida a Dios y al alma humana, ya que las personas compuestas de cuerpo y alma, sufrirían al morir la pérdida del primero, mientras el alma seguiría subsistiendo, idea ya predicada por el filósofo griego Platón, que aseguraba que el alma había precedido al cuerpo, se habría instalado en él al nacer y luego lo abandonaría al morir, para vivir eternamente.

Nadie duda que la memoria funciona como dique o límite de lo incoherente e inaceptable. Sin embargo, la memoria es un hecho de la experiencia y pueden hacer memoria de esa experiencia sólo sus protagonistas. Para ellos, la memoria configura una realidad que no se puede abandonar, sino con la muerte o sobre la memoria, la conciencia y el pensamiento.

Los riesgos son y fueron grandes: deformación, amnesia, manipulaciones, proyecciones, tal y como le preocupó a Freud. De ahí que la memoria no sea un hecho de la naturaleza al que podemos asistir como testigos, sino algo que asumir como lucha por evitar prohibiciones y negaciones.

Nos toca enfrentar en nuestra práctica sobre la memoria las tensiones existentes que a fuerza de negar las memorias también niega la historia de nuestros colectivos. Nuestro presente es  como aquellas lagunas qué, al secarse tienen por mucho tiempo forma de pantano. Enfrentar estos dilemas puede ser la diferencia entre hundirse y pisar firme.

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